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Sitges 11: crónica del Jueves 6
 Attack the Block ya es una de las favoritas


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Y con la esperada precuela de La cosa, dirigida por Matthijs van Heijningen Jr., ha concluido la 44 Edición del Festival de Sitges... un momento. Me parece que mi máquina “Tardis” vuelve a hacer de las suyas y está provocándome ciertos saltos temporales... Corrijo y doy media vuelta hacia diez días atrás: con la esperada Eva de Kike Maíllo se ha dado pistoletazo de salida a la edición del Sitges 2011, película que encaja a la perfección por cierto con el tema este año del Festival, la inteligencia artifical. La factura de la película es impecable y las interpretaciones son de alto nivel (atención Lluís Homar en su papel de androide, superando las limitaciones culturales que tenemos en este país de ver a nuestros actores hacer cosas muy poco “spanish”), pero su guión es tan altamente previsible y desaprovecha tanto su excelente background que no termina de redondear la jugada. Aprueba, pero sin brillantez.

El nivel ha subido gracias a Steven Soderbergh y su interesantísima Contagium, o como el miedo y la paranoia pueden triplicar los daños que causa una epidemia global. La película narra, con justos dramatismos pero necesarios para alejarse de lo que podría haber sido un docudrama, los intentos por mantener la epidemia y dar con la “zona cero” de su expansión, a la vez que se nos van presentando personajes afectados de una u otra forma por la tragedia, destacando un destrozado Matt Damon, que da vida a un hombre que ha perdido a su mujer y hijo y que se obsesiona con mantener a salvo a su hija, y Jude Law, dando vida a un oportunista que aprovecha su presunta independencia periodística para enriquecerse y que da la vuelta al arquetipo de personaje hollywoodiense paranoico y certero que suele utilizarse para colocar a los medios de poder en el centro de la diana.

El Festival acaba de empezar y creo que ya podermos irnos. Al menos que dentro de la sección oficial aparezca una joya capaz de equipararse a la formidable Attack the Block ya tengo una clara favorita a mejor película. Una banda de gamberros ingleses se enfrentan a una invasión de extraterrestres con muy malas pulgas. La aventura que viven es juvenil, pero adulta, es divertida, pero trágica, sus protagonistas tienen un viaje completo -los que sobreviven- que cambia su experiencia vital, y el resultado es ligero, pero la película pesa, y hasta incluye reflexiones sociales. El director Joe Cronish no solo ha dado en el clavo sino que ha dirigido a una banda de jóvenes promesas británicas brillantemente (parece increible pero parece que en Inglaterra tiras una piedra y salen seis buenos actores de debajo de ella, totalmente desconocidos) apoyados por un siempre bienvenido a cualquier fiesta Nick Frost. No solo es emocionante y divertidísima, es una de las películas del año, sean del género que sean.

Y si el nivel de la jornada alcanzó su punto álgido, pronto empezaría el descenso de calidad. Bettina Oberli dirige la producción alemano-suiza The Murder Farm. Una joven debe acudir al pueblo donde ha fallecido su madre y a su alrededor empezará a esclarecerse un crimen cometido en la granja de un malnacido cacique local dos años atrás. La cinta tiene su interés y retrata lugares comunes de la “Europa del norte profunda” con gracia, un poco al estilo de lo que Villaronga y Pa negre hacían en su tierra, pero su caprichoso y un tanto aleatorio modo de contar la historia con continuos saltos temporales (algunos mucho mejor justificados que otros, todo sea dicho) convierten la experiencia en algo un tanto farragoso, y como cuento moral es bastante discutible.

Dick Maas ha cerrado el día ampliando su visión de la “Holanda fantástica” como ya había hecho con sus pequeños clásicos de videoclub El ascensor o Amsterdamned, en este caso con una sanguinaria revisitación del mito de Santa Claus, Saint. La cosa empieza bien, parece internarse en terrenos semejantes a los de Rare Exports pero en versión “slasher”, pero como suele ocurrir a menudo con las obras de su director pasado el primer tercio del film la cosa se tuerce y empieza a perderse en persecuciones (olvidando el terror en pos de la acción) y tediosas explicaciones. A Dick Maas le pasa un poco lo que a Wes Craven en EEUU, se sigue dirigiendo a un público joven usando técnicas y lenguaje de señor mayor, por muchos chistes de vibradores que ponga para parecer que está al día, y no las sabe hacer funcionar como antaño. Lo cierto es que si cuarenta minutos resultan muy aburridos, exceptuando sus breves retiradas “gore”, poco más hay que decir.

Enviado especial: Javier J. Valencia

Festival de Sitges 2011




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