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Sitges 10: Crónica del Jueves 14
 A Serbian Film, exceso sin fondo ninguno


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La mañana empezó con la atractiva Monsters, de Gareth Edwards, que narra la historia de un fotógrafo que debe cuidar a la hija del director de su periódico y llevarla sana y salva a su hogar atravesando para ella una zona infestada de monstruos debido a un suceso con OVNIS. Se viene hablando de ella por Internet desde hace bastante tiempo y puede que su prensa previa haya influido algo negativamente: no se trata de un film de supervivencia –aunque tenga momentos de ello, aunque su trailer parece venderla como tal-, es básicamente la historia de un romance en un entorno de amenaza y con un mensaje humanista muy agradable. A destacar su momento final, realmente inesperado, pero muy emotivo.

Cada año en Sitges hay una película que por su extrema violencia es de la que hablan los medios y se aprovecha para montar toda la parafernalia, ambulancias fuera, la prensa preguntando sin cesar a la salida de la película… por desgracia los años anteriores tenían un cierto tipo de empaque, algo que no sucede con A Serbian Film, de Srdan Spasojevic, cuyo provocativo estilo parece salido de la mente de un adolescente que no deja de pensar en el “no va más” en cuanto a sangre y sexo que no en un director con verdaderas intenciones detrás de su obra. Al final empieza a mosquearme que cada año la prensa generalista preste mucha más atención a todo este tipo de filmes, que cada vez parecen más artificiosos y vacíos, y pasen de largo otros con mucho mayor interés y valor. La historia narra como una exestrella del porno venido a menos se introduce casi sin quererlo en el mundo del snuff, de la mano de un director que pretende convertir el sexo y violencia en arte y que parece más un villano de cómic que un personaje reflejo de la realidad. Muy, muy floja, irritante también resulta que este tipo de sandeces en celuloide sean las películas que “se han de ver para hablar de ellas”.

The Housemaid, de Im Sang-Soo, es una correcta puesta al día de un clásico del cine coreano, La criada, filmada en 1960 por Ki-Young Kim. Una joven empleada del hogar pasa a trabajar para una adinerada familia y es empieza a tener relaciones con el patriarca del hogar: la mujer de éste y su madre buscarán como deshacerse de ella. Su relación con el género es muy tangencial, más en forma que en fondo, aunque sí tenga un apunte bastante claro en su final cargado de simbología, y su trasfondo de reflejo de la guerra de clases sigue vigente hoy en día (y uno supone que por muchos años). Bien interpretada, con momentos excitantes, fluye con comodidad.

La tontería de la tarde vino con Bay Rong, de Le Thanh Son, muestra de filme de acción y artes marciales vietnamita, no muy alejado de las producciones norteamericanas de los 80 de bajo presupuesto para lucimiento de estrellas de videoclub de bajo coste. Narra las misiones de un grupo de mercenarios al servicio de un mafioso que tiene secuestrada a la hija de la líder del grupo (la bellísima Thanh Van Ngo). Guión previsible y acción ramplona redondean esta película que parece ser ha causado furor en su país de origen, y que solo vale la pena por su exotismo.

Una vez más se cumplió el tópico y Takashi Miike completó su año en Sites con una película buena y otra mala. En este caso, la buena resultó ser Thirteen Assasins, historia de corte clásico sobre la rebelión de trece samurais contra un tiránico Señor y su ejército. Se divide en dos partes bien diferenciadas, la primera es la presentación de los personajes, la segunda es la estupenda recreación de una cruenta batalla entre trece contra cientos. Una vez más Miike salva el tipo con nota, después del disgusto de su secuela de Zebraman.

Enviado especial: Javier J. Valencia

Festival de Sitges 2010


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