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Sitges 10: Crónica del Jueves 7
 Los Ojos de Julia decepciona


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El inicio de esta nueva edición del Festival de Sitges 2010, por esperada, no pudo resultar más decepcionante. Los ojos de Julia es un resbalón (importante) en la carrera del prometedor director Guillem Morales. No se puede emitir ninguna queja respecto a la puesta en escena de la función y hacia su banda sonora, pero los defectos de su previa El habitante incierto se multiplican por veinte en un guión que debería haber sido mucho más cuidado y reescrito. Tras la muerte de su hermana gemela, Julia (Belén Rueda), comenzará a investigar su extraño suicidio, a la vez que una enfermedad le irá provocando la pérdida de la visión y comenzará a notar la presencia de un extraño en su entorno al que nadie puede ver. Pero debajo de tan interesante argumento termina encontrándose un thriller ramplón, con giros ridículos un tanto incomprensibles e incoherentes y con una malsana tendencia a dejarse caer en el melodrama.

The Life and death of a Porn Gang, de Mladen Djordjevic, es un curioso título sobre las peripecias de una banda de actores liderados por un director de cine fracasado que se embarcan en una gira teatral pornográfica por una Serbia todavia con el desastre de su conflicto bélico muy reciente, y que acabarán dedicándose al cine snuff tras contactar con un sórdido personaje. En realidad, a pesar de su intención provocativa, sigue una línea bastante clásica en lo que a historias de auge y caída concierne, y no olvida la sombra de la guerra a su alrededor en ningún momento. Interesante, a pesar de tornarse repetitiva en exceso hacia la mitad de su metraje y previsible al final.

Como si tratara de mezclar la acción adolescente de la saga Crows y el cine de gangster de Scorsese comienza Monga, de Doze Niu, la historia a lo largo de los años de como el joven “Mosquito” (Mark Chao) entra a formar parte en una de las bandas tailandesas más fuertes del barrio que da título al film y las peripecias de su hermandad, sus guerras contra bandas rivales y sus propios conflitos internos. Se ve dañada por su exceso de tramas, que podrían haber dado para una serie de televisión muy interesante pero que quedan un tanto desmejoradas a lo largo de un, eso sí, más que generoso metraje. Lo mejor, la primera parte, la iniciación del joven aspirante para formar parte de la elite de los bajos fondos.

Desigual maratón nocturna en el cine El Retiro. Buen inicio con Captifs, de Yann Gozlan, a pesar de que uno tiene la sensación de ver una o dos películas exactamente iguales cada edición. Tres “médicos sin fronteras” son secuestrados durante la guerra en Kosovo por traficantes de órganos. Cine de supervivencia correcto, que se las tiene que ingeniar a marchas forzadas para tener un metraje con algunas trampas muy facilones y que se beneficia de la energía que otorga a su personaje Zoé Félix. Una absoluta vergüenza, sin embargo, resultó ser The Posession of David Reilly, de la cual simplemente indicaré que es una de las peores muestras de “cine” (que generoso resulto al usar esta palabra aunque la entrecomille) que uno ha tenido la mala suerte de poder ver en su vida, una burda imitación del estilo “realista” de Paranormal Activity (que si recuerdan los lectores habituales de esta web no me pareció precisamente un dechado de virtudes) rodado por un grupo de amigotes durante un fin de semana. Espantosa.

Lo mejor, y sin esperarlo, llegó al final, con la muy interesante Blood River, de Adam Mason, que a pesar de sus precarios medios si construye un libreto elaborado y un excelente trabajo actoral por parte de sus tres protagonistas. Joseph (Andrew Howard) es un autoestopista que se cruza en las vidas de Summer y Clark (Tess Panzar e Ian Duncan). El primero parece ser una especie de fanático religioso que deja muerte a su paso allá donde va, pero las revelaciones sobre su identidad y los secretos que esconden la pareja descolocan al espectador en un juego reminiscente a los comics de la EC o a The Twilight Zone. Más que digna y defendible, no se encontró en su salsa en una maratón destinada quizá a esas horas a películas con más terror y sangre.

Enviado especial: Javier J. Valencia

Festival de Sitges 2010


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