Llegaron
de un remoto planeta mucho más allá de la Tierra robots benévolos
con el único propósito de servir al hombre en todo momento,
acabar con las guerras y las enfermedades tanto físicas como espirituales,
conseguir liberar al ser humano de cualquier daño. Pero su actuación
convirtió a los hombre en meros espectadores pasivos de un "mundo
feliz" en cuyo desarrollo ya no podían tomar parte.
Así, un grupo de
anarquistas psíquicos decidió terminar para siempre con esos
invencibles benefactores. Y Clay Forester tuvo que enfrentarse al más
terrible dilema de su vida: luchar por el derecho de la humanidad a esforzarse
y sufrir por su destino, o rendirse al implacable imperativo de los humanoides
sin hacer absolutamente nada.
El génesis: Jack Williamson estaba
en una estación meteorológica en las islas Solomon aquel
día de 1945, elaborando un informe para una patrulla aérea
de los marines, cuando otro aficionado a la ciencia-ficción le dio
la noticia de lo sucedido en Hiroshima. El átomo desencadenado arrojó
una sombra larga y oscura sobre toda la ciencia ficción. Como parte
de su rechazo e incomodidad, decidió escribir De brazos cruzados
en 1946, tras regresar a su despacho. Historia que no habría terminado
de no ser por la insistencia del editor de Astounding/Analog, John Campbell,
que pidió una secuela en la que los hombres cruzados de brazos pudieran
usar poderes paranormales para derrotar a los humanoides. La secuela se
convirtió en Los humanoides . Aparecen por tanto dos historias,
una novela corta, De brazos cruzados, y una novela, Los humanoides,
serializada originalmente en la revista Austounding Science Fiction
de John Campbell con el título ...And Searching Mind.
¿Oscuridad
o Luz? El autor afirma que aunque
HIroshima le inquietó, ahora es decididamente pro-nuclear: "Por
muy aterrador que pueda ser el genio tecnológico, no hay forma de
volver a meterlo en la botella. Creo que debemos intentar sacar partido
de la mayoría de sus regalos..." Y es que la novela no
trata sobre los peligros de la energía nuclear, sino sobre las consecuencias
de nuestros monstruos tecnológicos, ya tengan forma de terribles
armas o de simpáticos androides. El genio tecnológico ya
ha sido liberado y se plantea una importante cuestión: ¿el
hombre debe someterse a la dictadura de la tecnología protectora
o ser víctima de la tecnología destructiva? Los humanoides
son máquinas perfectas encargadas de "Servir, Obedecer y Proteger
a los hombres del peligro". El problema es que cumplen su tarea a la perfección,
de una manera eficaz., consiguiendo la felicidad plena del hombre incluso
por encima de su libertad, pero ¿es posible de alguna otra forma?
Si la meta de todo hombre
es alcanzar la felicidad y la tecnología puede proporcionarla, qué
camino tomaremos. Para los "sometidos" su vida es plena, y disfrutaran
para el resto de sus días de unas vacaciones ininterrumpidas, no
necesitan ni quieren nada más. Pero para los que aun resisten el
yugo de la tecnología y "sufren" por liberar a sus semejantes, para
mantener su libertad, reclaman el derecho a ser infelices e incluso a autodestruirse.
¿Podemos tener
ambas cosas?
La obra: Jack Williamson consiguió
con Los humanoides su obra maestra. Una obra que sigue siendo materia
de estudio para los estudiantes graduados en el departamento de Inteligencia
Artificial del MIT, como un ejemplo de hasta dónde puede llegar
la ciencia de los ordenadores.
Una obra excepcional que
nos invita a recapacitar sobre nosotros, sobre cuál es o cuál
queremos que sea el límite de la tecnología.