El
hombre, salido de la Tierra, se ha dispersado por los planetas de la galaxia.
La capital del Imperio es Trántor, centro de todas las intrigas,
símbolo de la corrupción imperial. Un psicohistoriador, Hari
Seldon, prevé, gracias a su ciencia fundada en el estudio matemático
de los hechos históricos, el derrumbamiento del Imperio, y el retorno
a la barbarie por varios milenios. Seldon tiene entonces la idea de crear
dos Fundaciones, situadas en cada extremo de la galaxia, a fin de reducir
este período de barbarie a mil años.
Éste es el primer
título de la tetralogía de las Fundaciones.
En 1966, en la 24 Convención
Mundial de Ciencia Ficción, celebrada en Cleveland, se otorgó
el premio Hugo a la mejor "serie de novelas" del género a
la
Trilogía de las Fundaciones de Isaac Asimov. De lo que no hay duda
es de que se trata de una de las obras más ambiciosas del género
en cuanto a planteamiento y amplitud. Asimov toma como punto de partida
de su narración el comienzo de la decadencia de un colosal imperio
galáctico que abarca a toda la humanidad, diseminada por millones
de mundos.
Inspirándose directamente
- como el mismo ha reconocido - en la historia de nuestro pasado, Asimov
bosqueja los procesos sociopolíticos de su futuro hipotético,
el paso de una forma de gobierno basada en la religión a una plutocracia
más explícita, o, si se prefiere, del supersticioso Medievo
al Renacimiento.