El
planeta Kalgash está al borde del caos, pero sólo unas pocas
personas se han dado cuenta de ello. Kalgash conoce únicamente la
luz diurna perpetua, pues, durante más de dos milenios, la combinación
de sus seis soles ha iluminado el cielo.
Pero ahora empieza a reinar
la oscuridad. Pronto se pondrán todos los soles y el terrible esplendor
del anochecer desencadenará una locura que marcará el final
de la civilización. Isaac Asimov
publicó el relato corto Anochecer en 1941; desde entonces
se ha convertido en un clásico y su autor en una leyenda. Ahora,
el doctor Asimov ha unido su pluma a la de Robert
Silverberg - ganador de múltiples premios
Hugo y Nebula - para desarrollar este cautivador tema.
Nada más comenzar con
la lectura, los autores nos advierten que Kalgash es un mundo alienígena,
y que no tiene por qué ser idéntico a la Tierra. Aunque se
describa a su gente hablando un lenguaje que comprendemos y se utilicen
términos familiares. Así, cuando la gente de Kalgash habla
de "kilómetros", "manos", "coches" u "ordenadores", se refieren
a sus unidades de distancia, sus órganos de asir, sus vehículos
de transporte terrestre o sus máquinas de procesado de la información.
Las palabras empleadas no supondrán ninguna diferencia en el momento
en el que aparezcan las Estrellas...
Y es que la novela nos
plantea una pregunta muy interesante. En un planeta en el que nunca han
visto la noche y dónde el mero hecho de que desaparezcan todos los
soles es impensable, ¿qué representa la oscuridad para una
civilización que viva en esas circunstancias?
La forma en que esto afectaría
a la religión y a la propia ciencia, y más aún sobre
el comportamiento de sus habitantes, quienes jamás han experimentado
la ausencia total de luz solar, son los puntos destacados de la historia.
¿Qué concepto del universo pueden tener uno seres que nunca
han visto las estrellas del firmamento?