Johnny,
un joven del siglo XXI con chips implantados, se gana la vida transportando
datos valiosos que almacena en su cerebro.
Dos científicos
lo contratan para que haga de mensajero de una información robada.
Demasiado material para su capacidad de almacenaje, pero Johnny no duda
en inyectarse una ampliación de memoria y cumplir con el encargo.
Sin embargo, debe acabar el trabajo y deshacerse de ese material si no
quiere morir a causa de la sobrecarga.
La vida se le complica
cuando una organización criminal desea hacerse con la información
o, lo que es lo mismo, con su cabeza.
El
artista plástico Robert Longo, que debuta en la dirección
con la primera adaptación cinematográfica de un relato de
William Gibson, no duda de los peligros de la informática: La
película es un análisis crítico de hoy visto desde
un futuro muy próximo. Todos tenemos que cuidarnos mucho de no perder
nuestra humanidad
en esta época de información y velocidad, asegura. Las
novelas de Gibson, un visionario experto en relatos sobre el mundo cibernético,
se caracterizan por personajes buscavidas, hasta cierto punto lunáticos,
metidos en mundos de dudosa supervivencia. La elección del casting
debía resaltar este punto, pero también la idea de una película
estrafalaria: de ahí que el reparto mezcle actores muy dispares:
a Keanu Reeves con dos asiduos de las artes marciales Dolph Lundgren (Soldado
universal) y Takeshi Kitano (Sonatine). Rodada en Toronto y Montreal, el
diseño de la película, obra de Nilo Rodi, se realizó
para que reflejara la visión filosófica de un futuro envenenado
por la tecnología.
Ficha
artística
Keanu Reeves
Takeshi Kitano
Dolph Lundgren
Udo Keir
Dina Meyer
Ice-T
Henry Rollins
Ficha
técnica
Director: Robert
Longo
Año de producción:
1995
Producción:
Don Carmody
Guión: William
Gibson
Fotografía:
François Protat
Música:
Brad Fiedel
Diseñador de
prod.: Nilo Rodi
Montaje: Ronald
Sanders
Nacionalidad: Canadá
Duración:
98 minutos
La película plantea
dos temas interesantes: por un lado la deshumanización del hombre,
adulterado por implantes cibernéticos para mejorar nuestras prestaciones,
de igual forma que haríamos con una máquina. Y por otra parte
las consecuencias de un planeta saturado de interferencias electromagnéticas,
causantes de la aparición de una nueva enfermedad.
Desgraciadamente nos encontramos ante un film desafortunado de baja calidad que no consigue
reflejar el complejo mundo cyberpunk imaginado por Gibson, degradándolo en algunos momentos a la categoría de "cutre".