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Moon Stomper

Número 9
(Mayo 2004)
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1973: el Año en que murió el rock

    Si el rock nació como expresión de un sentimiento y como forma de pensamiento de una juventud inquieta, la década del '70 lo fue llevando hacia estratos donde la industria iba a jugar un papel más que relevante.
(Para la lectura se recomienda escuchar "Wild Horses" de Rolling Stones, "American Woman" de Guess Who y esas sinfonías con slide que legaron los imperdibles Allman Brothers)

     1973. El año que murió el rock and roll. El prestigioso crítico norteamericano Lester Bangs lo dijo con todas sus letras, presagiando así que las notas que un día hicieran grande a Chuck Berry, Los Beatles, The Rolling Stones y un largo etcétera comenzaran a orientarse por caminos diferentes, ahora transitados con fraseos de guitarras que buscaban la expresión estética y social más que la pasión y el desgarro.
Es que si el rock nació como expresión de un sentimiento y forma de pensamiento de una juventud inquieta, la década del '70 lo fue llevando hacia estratos donde la industria iba a jugar un papel relevante. Al momento en que bandas tan legendarias como Allman Brothers empezaban a sufrir de la indiferencia del público, la crítica (y los críticos) se sintieron atraídos por los largos ensayos sonoros de más de 20 minutos aterrizados en las voces de Yes, Genesis o Jethro Tull, conjuntos que para el creador de la revista "Creem" no representaban la esencia de un estilo, donde sí eran válidas las borracheras y los arranques de locura de los miembros de Guess Who, por ejemplo.
Y el rock no es más que un conjunto de notas dispuestas sobre un papel que al escucharse suenan diferentes, más sucias, con equívocos. De otra manera, no podría explicarse la aparición de un disco como "Sticky Fingers", posiblemente una de las obras cumbres de los '70. El disco de Rolling Stones contiene una de aquellas baladas -"Wild Horses"- que vuelven los ojos hacia el interior del ser humano, hacia la esencia de una época que no deseaba ser absorbida por el monstruo de los millones de dólares, los premios y los charts. Pero no fue así.

La decadencia
    "Woodstock" fue la piedra de tope, el cénit de un movimiento -el hippismo- que proyectó en la música los deseos y frustraciones de una generación que estaba agotada de Vietnam, intolerancias raciales y tabúes sexuales que ya no eran tales. La desnudez era una parte natural del hombre y la vergüenza quedaba estampada en el nicho de padres (y apoderados) que ya no tenían un discurso solvente o, simplemente, creíble.
"Esto es increíble, tres días de música", decían las palabras de Crosby, Stills, Nash and Young, invitados ilustres a las jornadas musicales más emblemáticas de la historia y que, paradójicamente, comenzarían a escribir su parte más oscura. La película por venir, la moda en las vitrinas expuesta en pantalones pata de elefante y camisas floreadas y los millones de copias vendidas se adelantarían al terremoto de los primeros años '70.
Los hippies entraban en decadencia o eran anécdota para películas tipo "Jesucristo Superestrella", el glam no funcionaba en Estados Unidos (New York Dolls fueron casi una anécdota en Nueva York redescubierta según pasaron los años) y todavía faltaba algún tiempo para el punk. El vacío era inminente y el recambio no fue lo suficientemente osado como para llevar el rock and roll por su mejor camino.
"Si miras por la ventana, más allá está la foto de nuestra memoria. Sé que suena algo extravagante, pero al otro lado de la ventana está la memoria y dentro de la habitación la vida transcurre en este instante. Y esto ayuda, porque así como me gusta pensar que todo sucedió, también sé que es historia antigua", apuntó Cameron Crowe a la revista "Film Comment" cuando se estrenó "Almost Famous" ("Casi Famosos"), posiblemente la película que mejor resume el "espíritu del '73" y de que lo hablan estas páginas.
Las palabras del director y ex crítico de la revista "Rolling Stone" suenan en el contexto, se ajustan a un período donde efectivamente era mejor mirar por la ventana y dejarse seducir por algunos sueños hecho canción.
"Almost Famous" representa cabalmente la forma y esencia de un estilo de música que algunos proyectan en su forma de vida, como el protagonista William Miller. Sin entrar en detalles, el viaje que hace este joven aprendiz de periodista junto al grupo Stillwater (nombre ficticio que tiene algo de muchos), no es más que la recuperación del aura que ya no está de sonidos pasados que sólo pueden volver a escucharse gracias a los vinilos. Estos fueron quedando en lo que para muchos es la mejor parte de la historia del rock, la que se escribió con harta cerveza, frente a un sol abrasador y en escenario casi perdido del litoral norteamericano.

Algunos nombres
    No todo fue tan negro en los '70. Si tuvo que lamentarse la desaparición de Janis Joplin, Jimi Hendrix y Jim Morrison, la creatividad y el sentir creativo se vieron volcados en álbumes imprescindibles de bandas como Free ("Heartbreacker"), Humble Pie ("Performance Rockin' The Fillmore"), Bad Company ("Bad Co."), Ten Years After ("Recorded Live") y Bachman Turner Overdrive ("Four Wheel Drive"), los cuales dibujaron el verdadero arte del rock en aquel tiempo.
Conviene entender lo anterior como el sentimiento de artistas que se sienten más cerca de las juergas interminables llenas de sexo y drogas antes que de signos monetarios que pesan las canciones según los dividendos generados (el eterno conflicto del artista frente a la industria). Contrario a lo que cantaba John Lennon, el mundo empezaba a imaginarse de otra manera, ya no del lado de los buenos, sino que de los malos que veían en esto una mina de oro.
En este sentido, resulta gráfica la violenta reacción de Peter Grant, manager de Led Zeppelin, cuando se entera de que parte de la recaudación de la noche en el Madison Square Garden se había perdido (queda graficado en la película "The Songs Remains the Same", registro del recital de la banda inglesa en Nueva York).
El hombre, presionado por el medio y las barreras de un concierto de este calibre, se quejaba del extravío, algo bien poco probable algunos años antes -piense que Woodstock se hizo casi a pulso-, pero no en plena efervecencia punk y onda disco. Era 1977, el año en que definitivamente la canción dejó de ser la misma, por más que Robert Plant y Jimmy Page cantaran lo contrario.

Se mueve el piso
    Musicalmente, los Sex Pistols protestaron contra su más reciente pasado, precisamente, el que en parte aquí se rescata (en parte). A diferencia de sus pares, Sid Vicious y compañía se muestra cansado de escuchar esas largas variaciones sinfónicas sobre una misma nota.
No concibe que una canción tenga que durar 20 minutos -no dijeron lo mismo los Stones de 1966 cuando sacaron el arriesgado "Aftermath"- ni menos se plantee con un concepto. Discos como "The Lamb Lies Down on Broadway" de Genesis y solos de batería como el de John Boham en "Moby Dick" son para el líder de Pistols una bofetada al buen gusto, desde su particular perspectiva.
Las vibras rockeras de los setenta no son más que tiempos, notas y rasgeos perdidos para estos londinenses que protestan contra un medio que no los entiende, no les capta y los encuadra como lo peor de la sociedad. Sin duda, una postura bastante facilista a los ojos del siglo XXI.
El mensaje frontal del conjunto va a quedar registrado en "Never Mind The Bollocks, here is The Sex Pistols", trabajo duro, satírico y oscuro -y brillante que no se olvide- que permite definir el cuento musical en los años futuros. Lo ecléctico en materia formal está aún por venir y la electrónica comienza a tomar cuerpo en tierras alemanas, mientras los acordes de Ultravox y Soft Cell cimentan el camino para Depeche Mode.
En tanto, en el recuerdo quedaba lo que se había escrito en los primeros años de los '70, una de las épocas más poco valoradas y ricas del rock, la misma que se fue dando cuando algunos creyeron que estos particulares surcos de 33 rpm estaban muertos.
- Sebastian Grant -



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