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Moon Stomper

Número 9
(Mayo 2004)
Sumario
  Editorial
 Entrevistas
  Inoportunos
  The Boogie Punkers
 Artículos
  La Banda Trapera del Río
  Surfin' over Spain
  La muerte del rock
  Jack Johnson
 Killer Pussycats
  Desiré d'Amour
 Secciones
  Reservoir CDs
  Vynil Fiction
  Videódromo
  Lecturas Diabólicas
  Vivos y en vivo
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Jack Johnson        Después de los cientos de heridos, personas arrestadas y algunos muertos que hubo tras la victoria contra el granjero de alfalfa, se inició una campaña de acoso y derribo contra el campeón, siendo arrestado e interrogado en numerosas ocasiones por vulnerar la ley Mann sobre el tráfico de mujeres. Dicha normativa impedía a un hombre llevarse una mujer a otro estado con propósitos inmorales, por lo que era ilegal viajar con otra mujer a no ser que estuvieras casado con ella. También hubo quien le acusó de tener relaciones con menores de edad. Su nueva esposa no pudo aguantar la presión y acabó suicidándose.
       Jack Johnson estuvo dos años sin poder defender el título porque ningún estado se lo permitió por miedo a que se volvieran a ver más disturbios. La cosa cambió cuando un grupo de empresarios de Las Vegas (entonces no era más que un pueblo ganadero del estado de Nevada, ciudad vecina a la mucho más importante Reno, donde el campeón había defendido el título dos años antes) le hizo una oferta para que defendiera su corona contra Jim Flynn, apodado “Fogonero” por su antiguo oficio. Johnson que acababa de abrir un club nocturno en Chicago y necesitaba dinero, no se lo pensó dos veces y aceptó la oferta de 30.000 dólares.
       El enfrentamiento aconteció el 4 de julio de 1912, un día antes Johnson recibió un telegrama del Ku Kux Klan diciéndole que como no se dejase ganar lo colgarían. Éste no hizo ningún caso a las amenazas del klan y le ganó sin ningún problema a Flynn.
       En aquel momento, Johnson tenía una nueva novia de raza blanca llamada Lucille Cameron, cuya madre acusó al boxeador de secuestro. Antes de que la ley siguiera su curso, contrajeron matrimonio, pero la acusación consiguió que su excompañera Belle Schreiben declarara contra él aplicando la ley Mann. Johnson fue declarado culpable y condenado a un año y un día de cárcel y a pagar una multa de 1.000 $. Jack decidió huir junto a su esposa a Europa, haciéndose pasar por un jugador de béisbol de la liga negra que salía de gira.
       En el viejo continente hizo varias peleas de exhibición en Londres y París, y aceptó defender su título contra el boxeador negro Jim Johnson, siendo la primera vez que dos púgiles de color competían por el campeonato mundial del peso pesado. Pero el combate fue un auténtico aburrimiento y Jack hasta se lesionó un hueso de la mano y apenas forzó un combate nulo contra un rival sin ninguna entidad.
       Mientras, las autoridades deportivas crean un combate blanco paralelo al título que tenía Jack Johnson, en 1914 defiende de nuevo en París ante otra esperanza blanca, Frank Moran. El árbitro fue el púgil francés Georges Carpentier, futuro campeón mundial del peso semipesado y auténtico líder de masas en el país vecino, quien tras arbitrar esta pelea ganaría el campeonato mundial blanco a “Gunboat” Smith.
       Johnson retendría la corona una vez más en una de las peleas más duras de su carrera, venciendo a los puntos en 20 asaltos.
       Cuando estalla la Primera Guerra Mundial, decide dejar Europa, donde sobrevivía apareciendo en obras de teatro, haciendo exhibiciones de boxeo junto a las dos defensas de su corona mundial de los pesados e incluso fue huésped del mismísimo Rasputín.
       Su siguiente pelea fue en Buenos Aires, Argentina, contra Jack Murray sin poner el título en juego y ganando por KO en el tercer asalto.
       En 1915 recibe la oferta del promotor Jack Curley por la defensa del título contra Jess Willard... El promotor tenía un trato con la justicia y Johnson podía volver a los USA sin ir a la cárcel. El campeón quería volver a ver a su anciana madre, con quien siempre estuvo muy unido. Pero había una trampa, tenía que dejarse ganar para que volviera a haber un campeón mundial de raza blanca.
       La pelea se celebró el cinco de abril de 1915 en La Habana, Cuba, en un estadio de béisbol. En un principio iba a ser en México, pero el púgil negro temía ser secuestrado por la mafia, de ahí el motivo de celebrarlo en la capital cubana, país con una gran tradición pugilística, donde siempre ha habido grandes boxeadores.
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       A pesar de que Jack Johnson tenía que dejarse vencer por KO en el décimo asalto, el combate continuó porque una parte de la bolsa que iba a cobrar era procedente de la recaudación en taquilla.
       En cuanto su esposa Lucille Cameron tuviera el dinero, le haría una señal y cumpliría parte del trato. Tal señal no se produjo hasta el asalto número 25. La prensa no contó nada del tongo, solamente que Jess Willard era mejor, cuando no era más que un don nadie al que le tocó la lotería. La prueba del tongo es clara al ver a Johnson caído en la lona tapándose los ojos del sol de justicia de la Habana, pues el combate se celebró por la tarde... Si cayó por KO, ¿cómo es que se cubría del sol?
       El promotor Jack Curley no tenía ningún acuerdo con las autoridades norteamericanas, era todo mentira, y Jack no volvió a su país, paseó su fama y prestigio por el Reino Unido, España y México.
       En nuestro país se enfrentó a Arthur Cravan, boxeador, poeta y escultor, sobrino de Oscar Wilde y campeón de Francia de peso semipesado. Al comienzo del combate Johnson fue anunciado como campeón mundial, título que había perdido el año anterior, y tumbó a Cravan por KO en el primer asalto. La velada fue celebrada en la plaza de toros de Las Arenas, donde el boxeador negro participó como torero en varios festejos taurinos, pues fue alumno de Juan Belmonte y Joselito “el gallo” en la escuela taurina de Barcelona. Y él les daba clases de boxeo de la ciudad condal. También boxeó en Madrid contra Blink McCloskey, a quien derrotó a los puntos.
       Protagonizó una película en la que hacía de sí mismo, e incluso hizo guantes con Luis Buñuel, como contaría el cineasta aragonés en sus memorias, era la época en la que Buñuel boxeaba haciéndose llamar “el tigre de Calanda”.
       En México puso un bar, finalmente decide volver a su país, donde cumple condena en la prisión de Leavenworth entre septiembre de 1920 y julio de 1921.
       Mientras tanto, en el panorama boxístico, Jess Willard defiende el título mundial contra Frank Moran, a quien es incapaz de derrotar, haciendo combate nulo y conservando su corona. Cuando Jack Johnson le había derrotado en París en 1914 y lo perdió en 1919, tras estar toda la Primera Guerra Mundial sin defenderlo, contra Jack Dempsey por KO en el tercer asalto. Después de la perdida de Johnson del título no se le dio oportunidad alguna a ningún púgil negro para pelear por el campeonato mundial de los pesados. Ninguno de los campeones mundiales que siguieron a Johnson dieron alguna oportunidad a boxeadores negros: Jess Willard, Jack Dempsey, Gene Tunney, Max Schmeeling, Jack Sharkey, Primo Carnera, Max Baer y Jim Bradock. Teniendo los púgiles de color de nuevo su propio campeonato mundial hasta 1933. A causa de ello, grandes boxeadores negros como Harry Wills, Sam Langford, Georges Godfrey se quedaron sin disfrutar el cetro de los pesados por miedo a que llegase otro Johnson. Fue Joe Louis quien cambió la situación derrotando en 1937 a Jim Bradock y comenzando el dominio de los púgiles de color en los pesos pesados que llega hasta nuestros días, salvo el paréntesis de Rocky Marciano, que rehuyó de los boxeadores negros jóvenes, y del sueco Ingemar Johanson, que fue campeón sólo una vez.
       Joe Louis aconsejado por sus manager y promotores tendría que mantener una actitud contraria a la de Johnson, y se le dieron siete condiciones para ganarse a la América blanca:
1º No permitir jamás que le fotografíen con una mujer blanca al lado.
2º No ir nunca solo a los clubes nocturnos.
3º No aceptar ninguna pelea blanda.
4º No aceptar ninguna pelea amañada.
5º No adoptar posturas arrogantes ante un rival caído, ni hablar despectivamente de un oponente antes o después del combate.
6º Mantener una actitud pasiva ante las cámaras.
7º Debía llevar una vida y una carrera inmaculadas.
Sin esas normas que le dio su manager, John Roxborough, no hubiera llegado a donde llegó, teniendo que vivir en silencio su negritud, siendo campeón mundial de peso pesado de 1937 a 1948, 26 veces campeón mudial.
       Al salir de la cárcel, Johnson siguió boxeando, pero ya no en la élite, aunque se barajó que le disputara el título a Jack Dempsey, cosa que naturalmente no ocurrió. También trabajó como representante en una compañía cervecera en Canadá, de guía en un museo de artículos extravagantes, y hasta montó un gimnasio en Nueva York donde se proyectaban películas de sus combates con comentarios suyos. En 1927, la revista The Ring, considerada la Biblia del boxeo, lo escogió como mejor peso pesado de todos los tiempos. Sesenta años más tarde, una encuesta similar lo ponía en segunda posición después de su genuino sucesor Muhammad Alí.
       En 1946, ya con más de 60 años, hizo una exhibición junto a Harry Wills, para morir el 10 de junio de ese año en un accidente de coche a los 68 años de edad en Raleigh, Carolina del Norte. En su tumba pone simplemente Johnson. Ya podrían los organizadores internacionales como la Asociación Mundial de Boxeo W. B. A., el Consejo Mundial de Boxeo W. B. C., y la Federación Internacional de Boxeo I. B. F. llevar sus restos mortales y ponerle una tumba en condiciones como hicieron con Battlin Siki, púgil africano que murió en Nueva York y que el Consejo Mundial de Boxeo costeó el viaje para llevar sus restos a su país, Senegal. Siki al derrotar en 1922 a George Carpentier se hizo con el título de los semipesados, proclamándose el primer africano campeón del mundo.
       Es una pena que Johnson muriera tan joven, si hubiera vivido hasta los años 60, hubiese podido conocer a Muhammad Alí, que en muchos aspectos fue su más genuino sucesor. No hay más que recordar que James Earl Jones, quien interpretó el papel de Johnson en la obra de teatro y posterior película La gran esperanza blanca, cuando conoció a Alí, este le dijo que el papel cinematográfico se lo habían ofrecido antes a él, y Jones le contestó que para hacer dicho papel se había inspirado en él cuando fue detenido e inhabilitado por no ir a Vietnam en 1967. La historia se repetía.
- Eduardo Álvarez Cónsul -
¡DEFIENDE TU TíTULO, NEGRO!

       La historia de Jack Johnson fue adaptada al teatro con éxito, y por tanto se llevó al cine. Martín Ritt fue el encargado de pasarla a formato celuloide, James Earl Jones, quien ya lo interpretara sobre las tablas, repetía personaje. Aunque, al menos en la copia que nos llegó a España, el nombre del campeón mutaba a Jim Jefferson. Más recordada es la banda sonora, que corrió a cargo de Miles Davis.
       El film se permitió muchas licencias. Si queréis ver al primer campeón negro de los grandes pesos en acción, mejor haceros con el volumen 26 de la colección de videos Boxeo, que sacó Marshall Cavendish en 1996.
       El cine también nos ha dado algunos grandes (y ficticios) púgiles negros, cabe resaltar los siguientes.
       Sylvester Stallone escribió el guión de Rocky inspirado por la pelea entre Muhammad Alí y Chuck Wepner en 1975. Mucho le costó que un estudio confiara en adaptarlo y contar con él como protagonista. Finalmente se salió con la suya, y en 1976 John G. Avildsen lo llevó a la gran pantalla. El film, conocido de sobras por todos, narraba la ascensión desde lo más bajo hasta el máximo galardón de un boxeador ítaloamericano, Rocky Balboa. Su último contrincante para hacerse con el título será el campeón Apollo Creed (Carl Weathers), un duro contrincante de color. El excampeón Joe Frazier aparece brevemente haciendo de sí mismo.
        La película se hizo con 10 nominaciones y tres estatuillas en la entrega de los oscars de ese año. Su rotundo éxito provocaría las inevitables secuelas.
       En Rocky II, realizada en 1979 por el propio Stallone, Apollo pide la revancha para un combate final que Balboa ganará de milagro.
       Para Rocky III (Sylvester Stallone, 1982), el campeón se ha acomodado en su trono y haciendo combates contra boxeadores poco peligrosos y viviendo de la fama y la publicidad. Todo esto acabará cuando acepte subir al ring para enfrentarse con Clubber Lane, un peligroso contrincante de color al que da vida Mr. T. Clubber no tendrá problema en tumbar a Rocky y hacerse con el título. El ítaloamericano decide recuperar el cinturón de los grandes pesos y de paso recuperar también su honor y vengar la muerte de su entrenador Mickey (el veterano Burgess Meredith). Apollo Creed, quien fuera su máximo rival, será el encargado de que recobre su autoestima y la forma necesaria para acabar con el bocazas de Clubber (quien tiene una actitud que nos recuerda sobremanera a Muhammad Alí). A cambio de entrenarle, Apollo pide a Rocky un combate entre los dos en el gimnasio para ver quién es el mejor, pelea que no llegamos a ver, pues la película termina cuando ambos suben al ring y empiezan los créditos mientras suena “Eye of the tiger”.
       La última aparición de Apollo en la saga del boxeador interpretado por Stallone sería en Rocky IV, quien muere a manos de un púgil ruso, Ivan Drago (Dolph Lundgren), tras haber sido presentado con un gran espectáculo incluyendo a James Brown cantando “Living in America”. Rocky entrenará duro para derrotar al soviético y vengar a su amigo.
       Junto al boxeador que encarnara Carl Weathers, el otro púgil negro que más veces ha repetido en pantalla ha sido Martel “Too Sweet” Gordone, interpretado por Leon Isaac Kennedy, siempre bajo la dirección del muy particular Janaa Fanaka.
       Fanaka fue uno de los realizadores más personales durante la etapa de la blaxploitation. Un director que será recordado por su trilogía penitenciaria, justo la que aquí nos interesa.
       En su primer título, Penitenciaría (1979), “Too Sweet” entra en la cárcel sin saber por qué, ha sido encontrado en el escenario de una pelea que ha acabado con un par de muertos y le han cargado el marrón. Tras las rejas demostrará que es un tipo duro y sabe pelear, por lo que el alcaide (Chuck Mitchell, el Porky de la peli homónima de Bob Clarck) se interesa para que pelee en los combates de la prisión, cuyo vencedor se hará con la ansiada libertad.
       En el segundo título de la saga, estrenado en 1982, “Too Sweet” pierde a su novia asesinada por su viejo enemigo “Medio Muerto” (en esta ocasión encarnado por Ernie Hudson, y llamado simplemente “Muerto” en el doblaje español), quien además pretende que el protagonista pierda un combate para el que ha apostado un montón de dinero, y tiene como rehenes a la familia de Martel. Una vez solucionado todo, “Too Sweet” derrota a su rival y Mr. T (haciendo de sí mismo) mata con sus manos a “Muerto”. Para esta segunda parte, Fanaka contó con la intervención del excampeón mundial de los pesos pesados Rudy Ray Moore.
       Una tercera entrega, más desquiciada que ninguna, vendría en 1987, de nuevo con la prisión como escenario.
       Leon Isaac Kennedy también fue el protagonista y guionista de Cuerpo y alma (George Bowers, 1981), remake del film homónimo que protagonizara John Garfield. Kennedy se entrenará nada menos que con el propio Muhammad Alí.
       El último título que nos ha llegado con campeones negros ha sido de la mano de Walter Hill y su Invicto. Coproducción entre USA y Alemania del 2002 en la que James “Iceman” Chambers (Ving Rhames), campeón mundial de los pesos pesados, es ingresado en la prisión de Sweetwater acusado de violación (detalle claramente inspirado en Mike Tyson). Dentro de esos muros las autoridades autorizan, no de forma altruista, sus propios combates, donde reluce con todo su esplendor Monroe Hutchen (Wesley Snipes), quien se haya cumpliendo condena por matar al amante de su esposa. Dos personalidades totalmente contrarias que se verán obligados a enfrentarse.
       Y a la espera del biopic de Sonny Liston (de nuevo Ving Rhames, que parece haberle cogido gusto a los calzones y los guantes) en el Night Train de William Friedkin, sólo nos queda recomendaros que repaséis Cuando éramos reyes, el documental sobre el combate del siglo entre Muhammad Alí y George Foreman en el Zaire en 1974, que tardaría dos décadas en poder estrenarse por motivos legales, nada de extrañar si Don King estaba de por medio. Dos titanes negros, Alí y Foreman, frente a frente.
- Alfonso & Miguel Romero -
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