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Moon Stomper

Número 9
(Mayo 2004)
Sumario
  Editorial
 Entrevistas
  Inoportunos
  The Boogie Punkers
 Artículos
  La Banda Trapera del Río
  Surfin' over Spain
  La muerte del rock
  Jack Johnson
 Killer Pussycats
  Desiré d'Amour
 Secciones
  Reservoir CDs
  Vynil Fiction
  Videódromo
  Lecturas Diabólicas
  Vivos y en vivo
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Jack Johnson
       Los lectores más cinéfilos recordarán Gentleman Jim (Raoul Walsh, 1942), aquel film en el que Erroll Flynn encarnaba a Jim Corbett, en cuya trayectoria para hacerse con el título de los grandes pesos llegaría a luchar en aquellos clandestinos combates en barcazas junto al puerto. Más recientemente sería el Scorsese de la denostada Gangs of New York quien nos recordara este tipo de semi-improvisados rings de boxeo. Escenarios que conoció bien Jack Johnson, el primer púgil negro que se hiciera campeón de los pesos pesados.
 
        Jack Johnson, al igual que Joe Louis y Muhammad Alí, no son sólo boxeadores hermanos de raza que fueron campeones mundiales de peso pesado, sino que fue y es historia. Pues fue el primer púgil negro que ganó la corona mundial de los grandes pesos en una época muy difícil para su comunidad, se le negó el pan y la sal durante muchos años. De hecho fue el único boxeador estadounidense que después de ganar el título mundial de los pesados no fue recibido por la Casa Blanca en los años que duró su reinado como campeón, de 1908 a 1915, por ninguno de los dos presidentes que hubo, William H. Taft (republicano) y Thomas W. Wilson (demócrata). Cosa que sí ha ocurrido con los otros campeones de la división que han existido, incluido el mismísimo Muhammad Alí, que, tras retirarse las tropas estadounidenses del Vietnam, fue recibido por el presidente Gerald Ford en 1975.
       Jack Johnson nació en Galveston, Texas, el 31 de marzo de 1978, hijo de antiguos esclavos, su padre había sido boxeador antes que conserje de escuela. Según contaban sus tres hermanas, el pequeño Jack era un chico enclenque. A los doce años se fue de casa y estuvo en Nueva York, donde se desplazó a base de hacer de polizón en barcos y trenes para llegar a la ciudad de los rascacielos, donde quería conocer a Steve Brodie, que se hizo famoso por saltar desde el puente de Brooklyn hasta el río Hudson. También estuvo un corto tiempo en Boston, donde estuvo trabajando como mozo de establo.
       Volvería a su ciudad natal y curraría en los muelles, donde trabajaban estibadores duros y pendencieros de mayor edad que él. Sus enfrentamientos con estos le llevaron a aprender a boxear. Un día tuvo una discusión callejera con otro hombre y una de sus hermanas le incitó a pelearse pese a que él no quería, e inesperadamente Jack le propinó tal paliza que se ganó el respeto de su barrio.
 Como en Galveston no había más futuro que dejarse la espalda en los trabajos portuarios, decidió abrirse camino como boxeador, abandonando la ciudad que le vio nacer.
       Al poco tiempo estaba participando en las llamadas battle royal para poder sobrevivir. Tal nombre recibían las peleas que se disputaban entre varios boxeadores de color, normalmente ocho, para los púgiles negros que querían comer caliente. Era humillante subirse a un ring y hacer algo que recordaba los tiempos de la esclavitud.
       Oficialmente, Jack Johnson debutó como profesional en 1897 contra Joe Choynsky en Galveston. Su oponente era un boxeador al final de su carrera pero con suficiente experiencia para derrotar al novato en el tercer asalto. Ambos contrincantes fueron detenidos por los Ranger de Texas debido a la ley anti-boxeo que prohibía estos combates. Ya en la cárcel, Choynsky le enseñó algunas cosas de este deporte que le sirvieron en el futuro. También aprendió como sparring de otro boxeador negro, Joe Walcott, “el demonio de las Barbados”, púgil caribeño que fue campeón mundial de peso welter entre 1901 y 1905. En 1901 y 1902 peleó con mucha regularidad, hasta que en 1903 derrota en Los Angeles a “Denver” Ed Martín, y gana el campeonato mundial “negro” de los pesos pesados, defendiéndolo contra otros púgiles de color como Joe Jeannette, Sam McVey y Sam Lang Ford, cualquiera de estos boxeadores pudo haber sido campeón del mundo oficial, pero los campeones oficiales blancos no les dieron ninguna oportunidad.
       A principios del siglo XX, Jack Johnson estaba entre los mejores de su peso, pero nunca un boxeador negro había disputado la corona mundial de los pesos pesados desde los tiempos en que John L. Sullivan (último campeón de una época en la que se peleaba con los puños desnudos, sin guantes) se negaba a darle la oportunidad a Peter Jackson alegando “nunca lucharé con un negro, nunca lo he hecho y nunca lo haré”. Los campeones que le siguieron en el trono de los pesos pesados: Jim Corbett, Bob Fitz Simmons y Jim Jeffreis también rehusaron, el último de estos parafraseó a Sullivan para rechazar a Johnson.
       Tras retirarse Jeffreis, Marvin Hart gana el título dejado vacante y perdiéndolo en 1906 ante el canadiense Tommy Burns, Jack Johnson no se lo pensó dos veces y fue a por él.
Campeón mundial
       Tommy Burns defendió su corona en varios países, y nuestro protagonista lo siguió por todo el mundo, peleando en los mismos países donde aquel defendía su título. Pasando por Irlanda, Francia y Australia, sentándose en primera fila para hacerse notar y que le diese una oportunidad. Sería en Australia, después de defender el título en sus dos ciudades más grandes, Sydney y Melbourne, donde Burns anunció que le daría una oportunidad a Johnson pero ante dos condiciones: cobraría 35.000 $, Johnson sólo 5.000, y el arbitro sería su manager. Finalmente, por una falta de acuerdo, la arbitró el promotor de dicha velada, Hugh McIntosh, y Johnson cobró una bolsa de 1.000 libras esterlinas.
       El promotor construyó un recinto con gradas de madera en Sydney. El combate tuvo lugar el 26 de diciembre de 1908, ganando Johnson con una gran claridad. Jack golpeaba mientras decía “Vamos Tommy ¿es que no sabes golpear más fuerte?”, anticipándose al estilo de un Muhammad Alí en los años 60 y 70, mientras el rostro del canadiense era una máscara de sangre, cayendo en el 14º asalto de un potente cruzado de derecha. Era tan fuerte la humillación que estaba recibiendo el púgil blanco que la policía metropolitana de Sydney advirtió a los operadores que rodaban la pelea que pararan la película, por eso se ve la imagen congelada varios segundos cuando el de Galveston derriba a Tommy Burns.
Buscando esperanzas blancas
       A su regreso a Estados Unidos, el nuevo campeón hacía cosas que enfurecía a la América blanca, no sólo por ser el primer campeón mundial de los pesos pesados de raza negra y su arrogancia con sus rivales blancos en el ring, sino que además tenía relaciones sexuales con mujeres blancas, de hecho, de sus cuatro matrimonios las tres últimas fueron caucasianas, y para cuento iba conduciendo por las carreteras de su país, para los supremacistas blancos era un negro que se portaba como un blanco, y empezaron a buscar esperanzas blancas que le arrebataran su título.
       El primero que lo intentó fue Stanley Ketchel, que era el campeón mundial de peso medio, en el que estaba considerado uno de los mejores de la historia. La pelea se celebró en la localidad de Culma, en el estado de California, y mientras Johnson medía 1, 86 metros de estatura, el contrincante sólo llegaba a 1, 75, o sea le sacaba 11 cm de diferencia. Respecto al peso, el campeón estaba en 93, 2 kilos frente a los 77, 2 de su rival. Tanto uno como otro tenían fama de mujeriego, pero a Ketchel le reían las gracias y admiraban sus conquistas amorosas, mientras que Johnson no sólo frecuentaba mujeres blancas, sino que entonces ya había estado casado con dos caucasianas, y además cuando los periodistas blancos visitaban el gimnasio donde entrenaba, se envolvía el pene en gasa y se ponía un calzón muy ceñido.
       El combate aconteció el 16 de octubre de 1909 y los aficionados blancos creían que el aspirante derrotaría a Johnson. No fue así, pues la pelea fue un paseo para el púgil negro, hasta que en el 12º derribó a Johnson, que se levantó, cuando el arbitro contaba hasta ocho, y lanzó una derecha a la mandíbula tumbándolo en la lona. Siendo el golpe tan fuerte que algunos dientes de Ketchel quedaron en el guante del campeón, y puede apreciarse en la cinta que recoge la pelea, también puede verse que Johnson al lanzar su puño tomó tanto impulso que tuvo que saltar por encima suya. Al año siguiente, Stanley Ketchel murió asesinado por un granjero celoso que acusaba a aquel de querer seducir a su mujer, matándolo con una escopeta de caza.
La pelea del siglo
       La América blanca estaba desesperada por conseguir un púgil que derrotase a ese negro advenedizo que se había sentado en el trono del campeonato mundial de los pesos pesados, y que se acababa de casar con una joven blanca llamada Etta Duryea, recibiendo el campeón todo tipo de amenazas de muerte. Hubo tal presión popular que el excampeón Jim Jeffries (quien durante su reinado le negó la oportunidad a Johnson por ser negro) volvió a pelear, ahora era un negro quien le concedía a él la oportunidad de competir por el título. En el Senado de Washington se hizo una moción de censura para pedirle a Jeffries que volviese a los cuadriláteros y arrebatarle el título a Johnson. Hasta el escritor Jack London, por entonces reportero deportivo en el New York Herald, le pidió a Jeffries que abandonara su granja donde cultivaba alfalfa y desafiase al campeón negro. London escribió “Jeff tiene que salir de sus campos de alfalfa y borrar esa sonrisa en la cara de Johnson, de ti depende Jeff”.

       La imagen del boxeador negro tenía que ser impactante, pues además de llevar la cabeza rapada al cero, tenía dos dientes de oro en cada extremo de su blanca dentadura y siempre se mostraba sonriente ante los blancos. La popular revista Colliers declaraba que la superioridad de Jeffries era aplastante al lado de la de Johnson, a fin de cuentas: “El hombre blanco tiene detrás 30 siglos de tradición: todos los esfuerzos supremos, los inventos y las conquistas, así como seamos o no consientes de ello, Bunker Hill y las Termopilas, Hastings y Aghcourt”. La América blanca estaba tan convencida del triunfo del rival blanco que una mujer llamada Dorothy Forrester compuso una canción alabando a Jeffries y menospreciando al campeón:
“Ponte al asunto sin tardanza alguna
Y pégale de noche y pégale de día
Y en cuanto se presente la suerte oportuna
Le arreas una torta que se pierde de vista.
Quién le iba a dar a Jack la tremenda tunda
Quién le va a hacer dormir como una marmotilla
Quién va a borrar del mapa la africana bravura
Será Jim Jeffries, será la maravilla”.
        Aunque el aspirante en principio se negó a pelear con Johnson, llevaba seis años alejado del ring tras retirarse invicto con veinte victorias y dos combates nulos, los cuatro promotores de boxeo más importantes de aquella época (Hugh McIntosh, “Sunny” Jim Coffroth, Ed Graney y Tex Rickard) se reunieron con los dos púgiles en un hotel de Brodway, Nueva York, y Ricard llevó cien mil dólares para acabar con cualquier duda. Aparte había ofrecido diez mil dólares extra a ambos boxeadores para asegurarse el contrato.
        Después de que varios estados se negaran a celebrar el combate por miedo a los disturbios raciales, aconteció en Reno, Nevada, el cuatro de julio de 1910.
       Antes de la pelea se podía ver gente desfilando por las calles de Reno por ser el día de la independencia, también había un desfile de grupos religiosos y de extrema derecha con pancartas pidiendo la prohibición del boxeo, cuando antes nunca se habían interesado por tal deporte hasta que un negro se hizo con su título máximo. Antes de entrar en el recinto donde se organizaba la pelea, el público era registrado por si llevaba armas blancas que dejaban en una especie de guardarropa. Al subir Johnson al cuadrilátero, la gente se puso a cantar “¡Mata al negro, mata al negro...!”, y la orquesta, que debía tocar el himno nacional, se puso a interpretar “All coons look alike to me” (todos los mapaches-despectivo para la gente de color- me parecen iguales). Las apuestas estaban diez a seis a favor del blanco, que incluso llamó al último campeón mundial de los pesos pesados sin guantes, John L. Sullivan, para que trabajara junto a su preparador en su esquina del ring.
       La encerrona que le tenían preparada con todo el público pidiendo su cabeza y queriendo hacerle perder los nervios, le debió disgustar mucho, pero en el ring no lo parecía, y dirigiéndose a su rival en plan “tío Tom” le dijo “¿Cómo se siente hoy el señor Jeffries?” y a Sullivan “Cuando termine con Jimmy anímate a ser el próximo”. Durante todo el tiempo, Johnson dominó el combate y el aspirante fue un autentico pelele en manos del boxeador afroamericano, que no paraba de golpearlo mientras los 16.000 espectadores pedían al árbitro que parase la pelea, hasta que en 15º asalto un gancho de izquierda obliga a la esquina de Jeffries a tirar la toalla, venciendo Johnson por KO técnico mientras su contrincante se agarraba a una de las cuerdas para intentar levantarse.
       Al enterarse el país entero de la victoria de éste, estallaron motines raciales y motines callejeros en diferentes estados. Hasta el asesinato de Martín Luther King en 1968 no hubo tal rebrote de violencia racial, en algunos estados se prohibieron las películas con los combates del campeón negro. El poeta afroamericano William Waring Cuney escribió sobre este combate una poesía titulada Oh qué mañana, señor
Oh mi señor que mañana
Oh mi señor que revuelo
Cuando Jack Johnson puso a Blancanieves Jim Jeffries
mirando hacia el cielo.
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