 (Agosto 2002)

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Sección informativa de largometrajes:
“Legión of dead”, 2000, ¡Oh, no!!, ¡Dios mío!!, otra peli de Olaf Ittenbach, bueno, mejor dicho, un film amateur de características de road-movie con zombis. “Bichunmoo”, 2000, la obra coreana de Young-Jun Kin, sobre las desgracias de un swordman; cada vez que la veo me parece mejor. “Tomie re-birth”, 2001, tercera entrega dirigida por Takashi Shimizu, de esta serie que abriera con “Tomie”; aunque la nueva es más rápida y menos pesada que su antecesora, nos cuenta al fin y al cabo la misma historia de terror del cuerpo de Tomie, que resucita una y otra vez. “Memento mori”, 2000, desde Corea nos llega esta cinta de Kim Tae-Yong y Kin Dong, respecto a la amistad, el amor y algunos fenómenos sobrenaturales. “Otesanek”, 2000, del animador Jan Svankmajer, una increíble fábula con un protagonista impresionante, un tocón de árbol que se lo come todo. “Ricky 6”, 2000, peli norteamericana sobre una historia real de asesinatos involucrados en una secta satánica, realizada por Peter Filardi. “The legend of Gingko”, 1999, para mí una de las grandes sorpresas, una increíble historia (en este caso, una precuela de “Gingko bed”) de carácter fantástico épico, sobre dos tribus y la lucha que mantienen ambas.
“Le rat”, 2000, mediometraje que se une al carro de lo que se podía llamar el nuevo fantástico francés, agresiva, original, y repulsiva, esta obra de Christopher Ali y Nicolas Bonilauri, nos demuestra lo que se cuece pasados los Pirineos. “Tell me something”, 1999, del coreano Yoon-Hyun Chang, que nos trae un thriller sobre tres asesinatos. “Bloody beach”, 2000, otra cinta de Corea, nos indica como este país le está ganado la partida al antes dominante Hong Kong; un psycho-thriller teenager dirigido por Kim In-Soo. “Demonium”, 2001, otra de Andreas Schnaas, que no nos dice nada al igual que la de su compatriota Ittembach. “Uzumaki/Spiral”, 2000, esto sí que es grande y genial, del realizador japonés Higuchinsky, nos adentra en un pueblo maldito por las espirales, donde se puede ver jóvenes convertidos en caracoles, desde en la peluquería de una chica (todo espirales), a un hombre que se obsesiona con éstas y se suicida dentro de una lavadora... locura a todo trapo.
Vampiros: la sangre es la vida
Aquí nos topamos con un ciclo dedicado a este monstruo genial, que es el vampiro, que nos sorprende con la selección de cintas que se pudieron ver. No tan usuales, vamos, que no son lo de siempre.
“Los ojos vampiros”, 1971, film japonés dirigido por Michio Yamamoto para la Toho, una película gótica muy en la onda de las realizadas por la Hammer.
“Vampyr”, 1931, el clásico de C. T. Dreyer.
“Valerie and her week of wonders”, 1969, erotismo y vampirismo en esta peli que los confunden todo gracias al checoslovaco Jaromil Jires.
“Jonathan, los vampiros no duermen”, 1969, obra alemana que se sale de contexto y de todo. Con una narrativa y una puesta en escena que nos demuestra cómo se puede criticar la religión y la política (el nazismo).
Se proyectaron además unos clásicos de la Hammer, como “La condesa Drácula”, 1971, de Peter Sasdy, y con una inmejorable Ingrid Pitt, quien nos confesó en un perfecto castellano que ella no se considera (como la denominan en los USA) una scream queen, que sólo salían medio desnudas y no profundizaban en las interpretaciones. Pero tengo que añadir algo, a la copia que emitieron del film de Sasdy le faltaban bastantes escenas, o es que mi cinta de video es de la colección Papillón (Nota de los editores: en nuestra copia de Filmax vienen incluidas esas escenas también). “Las novias de Drácula”, 1960, ¡Joder!, que belleza de colorido, de ambientación, y de chicas en camisón. Vale la pena ver estas películas en pantalla grande, cine. ¡Qué grande fue Terence Fisher!. “Las amantes vampiro”, 1974, de otro gran director, Roy Ward Baker. Qué deciros de estas tres pelis que no estén ya dicho antes, sólo que hay que verlas.
Igualmente, pudimos ver “Las hijas de Drácula”, del español José Ramón Larraz, en versión original, en inglés. Donde erotismo y lesbianismo inundan todo. Gracias a Dios no tiene mucho diálogo. Aquí fue clasificada S, ¡Viva Quique Camoiras!!.
Y otras cintas más recientes, ambas dos reconocidas obras maestras: “El ansia”, 1983, de Tony Scott, y “El baile de los vampiros”, 1967, de Roman Polanski.
Antología del fantástico mexicano:
Ciclo por el que mereció la pena ir a esta Semana. Aunque con un fallo, que algunos títulos fueron adquiridos en formato cinematográfico y otros en video. Y francamente, todavía no acepto ver ninguna película en retroproyector, y más cuando en este caso el aparato estaba bastante hecho polvo.
Bueno, dicho esto, se pudieron ver diferentes filmes que nos cuentan lo que serían las distintas etapas del fantástico y terror mexicanos. Una primera etapa fantástica, a la que seguiría otra más involucrada en el terror, y por último una tercera en la que abundó el género de la lucha libre (bastante frecuentemente con trasfondo fantástico).
De la primera etapa se vieron títulos clave como “La llorona”, 1933, este gran clásico en blanco y negro, dirigido por Ramón Peón, del fantasma de una mujer que “llora” por sus hijos a los que tuvo que vender debido a su pobreza. Tal fama tuvo este film, que se realizó otra versión por el polifacético René Cardona, e incluso el grupo mexicano de los 60 Los Gilders le dedicarían la irresistible “El Twist de la Llorona Loca”. “El fantasma del convento”, 1934, magistral esta obra de Fernando de Fuentes que nos cuenta la fantasmal historia de unos monjes y unos viajeros perdidos, en un fenomenal blanco y negro; influenciado por el expresionismo alemán, aunque no tan acentuado como en su “El hombre sin rostro”. “Dos monjes”, 1934, otro clásico, pero esta vez más atípico, que nos trae Juan Bustillo Oro, una historia de amor-odio adornada con toques de locura, con una magnífica fotografía en blanco y negro. “El baúl macabro”, 1936, de Miguel Zacarías, nos narra la historia de un mad-doctor que necesita experimentar con jóvenes para salvar la vida de su esposa; nos recuerda al “Gritos en la noche” de Jesús Franco y al “Ojos sin rostro” de George Franju, todos en blanco y negro y de temática afín. “Herencia macabra”, 1939, también conocida como “La traicionera”, de José Bohrnos, cuenta la vida de un cirujano obsesionado por su trabajo que se olvida de su joven esposa, la cual le traiciona con otro hombre, el cornudo doctor se vengará deformándole la cara, dejándole una gran herencia.
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