 (Diciembre 2000)

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Hace tres décadas, el celuloide se volvió más negro que nunca. Pelos afro,
pantalones acampanados y estética kitsch para un montón de films llenos de acción trepidante, con muchas hostias, tiros
y mucho orgullo negro. Films irrepetibles que se dieron en la única década posible. |
Al igual que lo que se dió a llamar cine hispano (películas con un casting
compuesto al 100% por actores hispanos), durante las décadas de los 20-40 hubo un cine para el público de color con
films integrados por actores todos negros, las race movies. En los 50's la cosa cambia ligeramente, actores como Sidney
Poitier encabezan repartos con papeles hasta entonces reservados a los blancos. Supondría un avance en el cine
convencional, donde los negros se vieron limitados a interpretar los típicos roles de esclavos, chóferes, criados...
Los movimientos que empiezan a desarrollarse en los 60's hacen que los 70's comiencen en un
marco de tensiones raciales, es la época del Black Power, los Black Panthers vienen atacando fuerte desde el 66 (el FBI no
tardaría en hacerlos callar), y James Brown canta aquello de "dilo, soy negro y estoy orgulloso".
Chester Himes mostró como nadie
en sus novelas el folklore del guetto negro. Desde una perspectiva ácida y objetivamente distante retrató, siempre con
irónico humor, los problemas del barrio negro con Harlem como epicentro.
Su novela Cottom Comes to Harlem sería llevada al cine en 1970 por Ossie Davis, producida por
el propio Samuel Goldwin Jr. para la United Artists, en la que ironizaba de forma rabiosa contra los autoproclamados
predicadores negros, charlatanes supuestamente afroamericanos que sacaron el dinero a las gentes de Harlem durante gran parte
del siglo XX a costa de falsas promesas: Black Herman, Wallace D. Fard... pero sobre todo contra Marcus Garvey y su Black Star
Line, que aparecen con los nombres obviamente cambiados. También miraría de forma burlona a los Panteras Negras, lamados en
sus novelas Boinas Negras. Los protagonistas del film Algodón en Harlem, la pareja de policías de color Gravedigger Jones y
Coffin Ed Johnson (interpretados por Godfrey Cambridge y Raymond St Jacques) resolvían el caso de forma astuta, y el film
demostró a Hollywood que había un potencial público que explotar.
El siguiente paso lo daría Melvin Van Peebles con su tercera película, la experimental Sweet
Sweetbacl Baadasssss Song, con el primer antihéroe que se ganó al público afroamericano y metió a su director en la lista negra
de la meca del cine.
El campo estaba abonado, sólo faltaba la película definitiva, y esa fue Shaft (Gordon Parks, 1971),
titulada en nuestro país Las Noches Rojas de Harlem. En ella el detective de color John Shaft se encargaba de buscar a la hija
de un mafioso usando métodos no muy ortodoxos, Shaft no tenía reparos en sacar sus puños a la primera de cambio. Otro de los rasgos
que definieron a este superhombre negro fue un increíble apetito sexual. Es obvio que tanto Gordon Parks en la dirección como el
papel de Richard Roundtree marcaron la película, pero buena parte de la brillantez del film se lo debemos a Isaac Hayes, el actor y
músico (por entonces en la Stax) que firmó para componer la BSO y protagonizar la cinta. En un último momento se le dio el papel a
Richard Roundtree, actor y modelo, y Hayes, en lugar de mandarlo todo a paseo se encargó de musicar el film con una increíble banda
sonora funky de magnífica factura y explícita letra sexual.
Las Noches Rojas de Harlem contenía los ingredientes apuntados en los films precedentes y que definieron
al género: un héroe (o antihéroe) de color, de fuerte carácter, un marco determinado (Harlem), una banda sonora funky-soul, títulos
explícitos con el nombre del protagonista y/o conteniendo las palabras "black", "jones", "brown"..., look 70's a rabiar (pelos afro,
pantalones acampanados, chalecos de cuello alto, gabardinas con amplias solapas...), pelis generalmente de acción con mucha violencia
física y verbal, lenguaje obsceno, escenas de sexo... y villanos blancos, algo muy discutible, ya que en su mayoría los malos eran
igualmente de raza negra. Sólo faltaba u nombre con el que definir a este tipo de películas, la solución no tardaría en llegar. Pocos meses
más tarde se estrena Superfly (Gordon parks Jr., 1972), película de bajo presupuesto con un protagonista muy peculiar, un camello y proxeneta
que trabaja en harlem, Youngblood Priest, alias Superfly, quien se pasa media película follando y esnifando coca. Priest está harto del mundo
en el que está metido y planea un último golpe con el que retirarse para siempre, y lo conseguirá. El actor de teatro Ron O'Neal (rechazado
para el papel de Shaft por no ser "lo bastante negro") encarnó como nadie a Superfly, un rotundo éxito comercial distribuido por la Warner Bros,
que la compró para su distribución al ver lo bien que funcionaba en la cartelera. Uno de los productores que no consiguió hacerse con los derechos
del film lo atacó públicamente alegando que explotaba a los negros, "black exploitation". Tal definición, en su contracción, daría nombre al cine
afroamericano de la década: blaxploitation. La avalancha de productos no se hizo esperar: la Guerra de los Gordom (Ossie davis, 1973); Cinturón
Negro (Robert Clouse, 1973); Los Demoledores (Gordon Parks Jr., 1974); Truck Turner (Jonathan Kaplan, 1974); Por la Senda más Dura (Anthony M. Dawson,
1975)...
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