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VUELVO A LA PÁGINA 2
A la hora de ilustrar la locura travesti dentro de la ciudad se nos ocurrieron varias
imágenes, una de las más potentes era una disputa a muerte entre dos sacerdotes
travestidos con las ropas de una virgen. Problemas de presupuesto nos obligaron a reducir
este incidente a simple anécdota de fondo en la escena de la iglesia.
Rodamos en una capilla de los Jesuitas del siglo XVIII. El esplendor barroco del retablo nos inspiró
el plano de los curitas. La pareja aparece por una de las puertas de la sacristía,
cruza el altar mayor, desapareciendo a base de guantazos por otra puerta simétrica.
La escala del plano que reduce la figura a simples monigotes, lo acelerado de los movimientos
y la naturaleza del trayecto desde una puerta a la otra recuerda el funcionamiento de
un reloj.
La aparición del ángel en la iglesia es un procedimiento sencillo pero muy
efectivo, un simple encadenado con diferentes escalas nos devuelve la magia del cine antiguo
(es un poco Méliés, un poco Griffith...). Ante este improvisado
apocalípsis, la vida espiritual que subyace en la ciudad sale a la superficie.
Bárbara es saludada como la nueva virgen en una segunda anunciación,con una sola
diferencia, ella no entiende ni jota.
Cualquiera que lea detenidamente los títulos de crédito podrá comprobar
la gran cantidad de personajes que han tenido que ser doblados.
Un caso especialmente curioso
se refiere al plano en que Bárbara es descubierta por unos travestis en las inmediaciones
del dormitorio de Laura Crawford. En este plano la heroína sigue a su hermano que la
abandona a merced de dos travestis frenopáticos y una sastra sumisa. Finalmente accede
al dormitorio donde espera la reina.
El actor principal se encontraba fuera de la ciudad, la sastra sumisa no se presentó y
el doble de Laura tuvo que marcharse, así que en el momento de rodar, una de LaS pErRaS
dE sAtáN volvió a conseguir lo imposible: interpretar tres papeles en la misma
escena.
En un plano secuencia aparece corriendo vestido con la ropa de Guillermo, sale
rápidamente de plano para cambiarse en un flash y entrar de nuevo caracterizado de
sastra con total naturalidad. En el plano siguiente, una vez que Bárbara accede al
dormitorio, imaginen quién está esperándola trasvestido de reina: el mismo.
¡Todo un récord!.
Una de las grandes bazas de la ciencia ficción ha sido poder hablar de cualquier
tema, sobre todo de política, con total impunidad. Bien analizadas están hoy en
día la relación entre la ciencia ficción de los años cincuenta y
la situación de la "guerra fría",
no íbamos a ser menos.
La reinterpretación fantástica del lamentable periodo de la posguerra
española y la dictadura franquista apuntan en esta dirección:
"...En la España Franquista, el
Doctor Güija cosechó un notable éxito profesional coronado al realizar la
primera intervención de cambio de sexo del mundo en la persona de un anónimo
voluntario del ejército del aire. Tan bien quedó el afortunado muchacho que el
propio caudillo, maravillado, lo tomó por esposa, convirtiéndose así en
la única Primera Dama transexual de la historia... ". Rumores siempre hubo
sobre la ambigüedad de la Sra Polo.
El mensaje grabado de Güija desde el más allá pidiendo al espectador
que tome partido, en contra o a favor de Bárbara, recupera las ingenuas aunque
tremendamente divertidas técnicas de marketing del hoy merecidamente adorado
William Castle. En nuestro caso no deja de ser un guiño (aparte de cumplir la función
de anticlimax en un momento de la historia en el que ya ha pasado casi de todo).
Jamás osaríamos dejar en manos de ningún espectador la vida
de Bárbara después de haberla visto crecer y padecer tanto en su periplo.
No es tan fácil como eso. El final debe estar justificado por algo más que el
deseo del público.
Si clara estuvo desde el principio la última escena en la Giralda, tanto o más
la penúltima en el faro de Caños de Meca. Durante años habíamos
idolatrado este símbolo, tan fálico, gracias a "La Ley del Deseo". Después
de varias peregrinaciones estivales hasta la punta de Trafalgar, donde se encuentra localizado,
de escuchar cien veces "Ne me quitte pas"... estábamos dispuestos a recuperarlo para el
celuloide. El interior se trucó en Sevilla, usando un mecanismo especial de iluminación
para sugerir la potencia que desprende Bárbara Furiasse al hacer por fín el amor
con un hombre de verdad. Los planos del faro en la playa se rodaron al final como premio para
todo el equipo. También ese día el tiempo inusualmente otoñal nos volvió a
acompañar, nuestra primera actriz tuvo que padecerlo durante más de media hora
amarrada a una roca.
Por supuesto también con el clero hemos topado. Para empezar, bajaron el
Giradillo, entablillaron la torre y mandaron las campanas al extranjero. Así nos
encontramos la Giralda a la hora de rodar, un poco más y se la llevan.
Aparte de esto existía otro problema, rodar en el interior de la Giralda era posible
pero sin actores. La ficción no entraba entre sus planes, suponemos que una donación
económica a la altura de la sacrosanta institución hubiese cambiado las cosas
pero el horno no estaba para bollos.
Una vez más, tuvimos que suplir las carencias con imaginación y encontrar varias
soluciones. Primero integramos la torre semiderruida dentro de la visión
apocalíptica de la ciudad, siempre en obras para preparar la reaparición de
Laura. En este caso estaban cambiando el Giraldillo para travestirlo, hay una frase que dice
"...¿Siliconar al Giraldillo?". A la hora de restaurar el antiguo Giraldillo, una de
las técnicas probadas fue la de siliconarlo. Parecía genial pero el efecto de
inyectar silicona en el metal que ya estaba muy hundido fue un desastre.
En un primer momento recuperó el volumen original pero luego se aceleró el proceso
de deterioro y terminaron poniendo un Giraldillo nuevo. Segundo problema, hubo que buscar una
réplica a la altura de la torre para rodar el interior. Los pueblos de Sevilla suelen
tener "giraldillas". La más adecuada entre todas las vistas fue la de Carmona, donde
finalmente rodamos sin ningún problema el 24 de Diciembre. Incluso se nos
permitió rodar durante la misa diaria, eso sí, tras asegurar al párroco
que no se trataba de un porno.
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