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A la felicidad por la estética: salud y belleza

Surgen nuevas cuestiones que acrecientan nuestra ansiedad: ¿Cómo distinguir a Dios de una seta venenosa?, ¿Cómo es posible que haya gente que se azote y disfrute?, ¿A qué cámara debo mirar?... Entre las diversas maneras de enfrentarse a estos y otros dilemas nos topamos bruscamente con la nostalgia, siempre consolatorias que frente a la complejidad de lo moderno, promete un retorno a la inexistente facilidad, la idealizada fábula de la antigua sencillez perdida (si "Ubú" levantara la cabeza, con "Ubú" no pasaban estas cosas... y otras ingenuidades por el estilo). El ensueño simplista del que se han nutrido los fascismos y demás formas de totalitarismos de masas.

¿A qué cámara debo mirar?

La Venganza de Packa Taylor (1995)
El actual proceso de estetización de la cultura culmina con el predominio de la representación mediática de la realidad como espectáculo (no existe pues no sale en la tele), con lo que ésta tiene de inmediatez, de negación del tiempo. Nos enfrentamos a otro tipo de totalitarismo, que supone la máxima depuración de los soportes estéticos empleados ideológicamente como anclaje de las masas a un presente estéril. El imperio de la representación es también el dominio de la estética en su máxima superficialidad, la que permite el embellecimiento y nivelación de todas las situaciones. Su empleo proporciona consuelo y aísla al individuo, le arrebata la memoria.
Nuestras influencias estéticas se encuentran dentro de la ciencia ficción. Por un lado, los relatos de anticipación que como 1984 de G.Orwell, Farenheit 451 de R.Bradbury y Un mundo feliz de A.Huxley planteaban el peligro de una sociedad de la desmemoria. Por otro, películas como la Invasión de los Ladrones de Cuerpos de D.Siegel, que en el contexto de la guerra fría y a través de una hipotética invasión de alienígenas mostraba el miedo de una sociedad a pensar de forma diferente a la versión oficial y convertirse por ello en el otro, en el enemigo.
La Noche de los Muertos Vivientes de G.A.Romero es otra referencia. La ficción revelando la cara siniestra del hecho científico con el trasfondo de la amenaza nuclear. En este caso un escape radioactivo que otorga vida a la carne muerta.

La creación de la replicanta
Una Grande y Libre Anchoa (1994)

Las misses controlan el submundo
Una Grande y Libre Anchoa (1994)
No podemos obviar la Chica del Trébol de Rocío Durcal. El delirante kistch español del último franquismo, artificialmente mantenido en sus funciones como un auténtico zombie. Finalmente ha sido decisiva la lamentable imagen que ofrece el mundo del maquillaje. La alta cosmética, en especial los diseños futuristas de las dos últimas campañas de Elizabeth Arden en cuanto la construcción de la máscara del personaje público (léase Ana Obregón y el imperio de las Barbies). Paralelamente a la quiebra de la modernidad que condujo a la pérdida de confianza en la palabra del hombre, la mujer ha ido reivindicando hasta hoy una mayor participación en la vida social como sujeto de pleno derecho. Relevando progresivamente al hombre en el desastroso papel que venía desempeñando como defensor de la idea.
Y asimilando por error el modelo masculino de sujeto -hasta entonces el único existente- en lugar de elaborar su propia creación, posiblemente mucho más completa.
Es cierto que la mujer sólo logrará esa emancipación por la que lucha si deja de ser la "sombra del macho" pero ¡cuidado!, la inversión de la estructura de la demacración mantiene el mismo orden. Nada se consigue cambiando los signos de lugar, el "más" y el "menos"... La mujer será libre si suprime a la vez a la especie opresora y a ella misma. No es suficiente que el "esclavo" devenga "amo". ¿Qué importa el cambio de los papeles?. Lo importante es cancelar la estructura que los distribuye. Todo ésto genera una pérdida de identidad parea ambos sexos, cansados y dispersos. Por ello y para aclarar a la "desagradecida humanidad" de qué van las cosas, LaS pErRaS dE sAtáN nos vemos obligadas a contar la bonita y aleccionadora fábula de dos huerfanitos que luchan por restablecer el orden sexual en un orden caótico.

"Subestimas el poder de la alta cosmética"