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"Por eso escribo". Psicoanálisis canino de una Perra de Satán
Reportera: A ver, explícame eso de que no eres nada narrativo porque tus personajes
están todo el tiempo contando cosas...
Jero: No, eso no.
R: ¿Cómo que no?
J: Quiero decir que eso no se puede evitar, todos lo somos. Provenimos de
una narración, nos hemos construido gracias a, por culpa de, miles de narraciones
y cotidianamente tendemos a recrearlas. El narrar es un mecanismo innato en el ser
humano. Lo que sí digo es que a la hora de escribir trato con todas mis fuerzas de
luchar contra ese automatismo. La idea global de la fábula como transmisora de un
saber para el futuro es, en el fondo, venenosa. Yo no sé nada priori que pueda
hacerte mejor, y no digo feliz. La linealidad estructural de un planteamiento, un nudo
y un desenlace, la idea de una acción que modifica es decir mejora al protagonista, está
plagada de residuos nocivos para el ser humano. En el fondo, no se trata sino de otra
estrategia de control del individuo. Como ves no soy nada individualista...
R: Entonces, para tí la "poética"...
J: Aristóteles es un señor que está muy bien donde está, es decir, muerto y
enterrado. La moda, sin embargo, se empeña en desenterrarlo y pasear su
raquítica calavera por las pasarelas.
"La vida merece la pena, toda experiencia es buena, por muy trágica que
sea siempre aprendes algo, bla, bla, bla..." ¡Puagh!
La historia que no me trago es esa parte de la historia, el cuento chino,
el engañabobos universal, y no me lo callo.
Pero desceer no es negar que de ahí partimos todos, porque ignorándolo poco se
puede hacer en su contra. Me guste o no, y lo peor es que casi siempre gusta, al
escribir surge la historia y te da el subidón. Pura energía segregada por estructuras
ocultas, energía dispuesta para contar lo que ha de ser contado, lo que se quiere contar,
lo que quiere contarse. Es como la oruga de la mariposa azul que segrega melaza para
que las hormigas la protejan y así engordar sana y salva.
La historia te usa, te arrastra y luego te abandona. Claro que, como dice el poeta, es
tan dulce naufragar en estas aguas... Sin emabrgo, hoy por hoy, prefiero ser como
las lapas y aferrarme a la roca cuando arrecie el temporal. Si, aburridas las lapas pero
firmes, que no seguras.
Yo no sé que voy a contar ni quiero saberlo antes de tiempo, porque si se trata de
la verdad, ya vendrá en su momento y su lugar. Hay que abonar el terreno, eso sí, no
embobarse con el potente narcótico de las historias.
El desorden, la encrucijada, la basura muchas veces... abonos adecuados. Ideas en reflexion,
libre contradicción, paradojas, apertura de espíritu a la intuición -por aquí van los tiros,
por allá no-, indeterminación en suma.
R: Por ejemplo...
J: En Invasión Travesti, una vez planteada la idea central del fin del mundo, el
tono grotesco del alzamiento travesti, una vez tenemos a los dos protagonistas, dos hermanos
unidos por el azar; a los antagonistas, el científico loco y su creación letal; una vez
tenemos la acción, salvar a la humanidad... Surge entonces, lentamente, de modo accidental,
a través del desarrollo de los diálogos entre los hermanos, la verdad de sus vidas. Y resulta
que uno de ellos actúa en todo momento movido por la frustración, por la vergüenza y la
culpa. El sacerdote en crisis culpa a su hermana de su fracaso personal, aunque en el fondo se
avergüence de ello, pues se abe culpable de su desgracia y de la de ella, siempre a punto
de derrumbarse. Esto es anecdótico respecto a la gran tragedia que en tono de farsa, de hueca
celebración, les sobreviene como una gran ola que termina por arrastrarlos. Pero, sin saber
porqué, esto es mucho más interesante que todo lo demás.
La frustración como estímulo, la culpa como mecanismo de proyección de este sentimiento,
la incomunicación entre dos seres que, no obstante, se sienten muy unidos, esa es la
tragedia envuelta en la comedia. Esto tiene que ver con la verdad del ser humano. Lo otro,
solo es al azúcar que endulza el amargo jarabe de la desilusión.
R: Ya, ¿pero no es una forma de contarlo confusa, barroca casi?
J: Sí, claro. Desde el punto de vista de la estructura aristotélica, nos estamos
dispersando, peligrosamente nos alejamos cada vez más de la añorada claridad de
la vieja forma matriz. Pero esto no es malo si alude a una cuestión viva. Así que no
voy a disculparme como tantos de no saber contar una historia. Es algo, distinto, en mi caso
es algo emparentado con el barroco, claro que sí. Tengo mucho más que ver con esa cultura que
con el clasicismo de los griegos. La forma que habitamos tiene un porqué, debajo de la
realidad existe una clave profunda y liviana a la vez.
R: A las puertas del tercer milenio, en la era neo-zen, época de minimalismos, la
estructura barroca ¿no te parece innecesariamente compleja, abigarrada, tendente al caos que tanto nos
estresa?
J: Sí claro, por eso no está de moda.Siguiendo con mi ejemplo y tratando de aclarar en lo posible esta molesta oscuridad
conceptual... Estábamos juntoa los hermanos, en si su conflicto era secundario o principal sin
por ello reclamar centro alguno. Llegado el momento cúlmen de la historia, el hermano ha caido
herido de muerte en la batalla, no sin antes volver a traicionar a su hermana. Ella, la última
heterosexual viva sobre la tierra, está al borde del abismo, a segundos de su caida final
desde la Giralda, falo y faro de la ciudad donde reina la Gran Travesti. Bien, se aparece
entonces el hermano/fantasma para sentenciar "tú nunca has sabido escucharme".
La espiral gira y gira, desplegándose. Algo resuena en mi interior, los dos hermanos, carne
de la misma carne, sangre de la misma sangre, como Adán y Eva pero mucho tiempo después y
sin embargo tan parecidos, aproximados. Se avergüenzan, se sienten culpables, siguen
sin saber amarse, no sé por qué no han aprendido. Esa es la cuestión, la única cuestión. Si
Adán no hubiese traicionado a Eva, nada de esto hubiese ocurrido, pero así fué. Poco importa
de que fuese él y no ella, como tendenciosamente se quiso hacer ver, quien consumara la
traición. No se trata aquí de la causa feminista, sino de todo lo contrario a cualquier causa.
Por debilidad, hubo traición. Todo lo demás es su consecuencia, no digo castigo -concepto
absurdo y pueril- sino consecuencia, si quieres no intencionada, de esta acción.
Adán vende a Eva, la delata frente al padre. Fué ella quien me hizo probar el fruto prohibido.
Ella era carne de su carne, era la persona amada, aparte de la única mujer del mundo. Y aún
así no supo decir "sí, lo hicimos juntos los dos, venga lo que venga" que, en cualquier caso,
iba a ser lo mismo, la expulsión liberadora de ese estúpido paraiso narcisista.
Si Adán no supo amar a Eva cuando realmente hizo falta, ¿cómo va el ser humano a amar realmente
a su prójimo?
Y todo esto vive en las esquna de la fábula, casi fuera de ella, como un rumor. Dirás, la
historia no me lo cuenta, o no me lo cuenta bien... La acción física de la invasión travesti
sobrepasa a los personajes cuya verdad interior, según parece, es distinta y potente.
pero la reconciliación de los extremos confrontados viene a entender que ese maremágnum
quelos empuja y los envuelve es, no obstante, consecuencia de esta verdad, de esta
irreparable traición humana.
Que se salve o no la humanidad me parece ahora algo badalí, incluso obsceno. ¿Para qué salvar al
hombre? ¿Para que siga consumiéndose?
R: Ya, hay que salvar a la vida, esa desconocida, pero ¿cómo?
J:Lo siento, tampoco yo lo sé. Por eso escribo. (Carcajada) |
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 "Bárbara y Guillermo, ¿Eva y Adán?" |
 "Perras en acción" |
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