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Casino Royale
Por: Javier J. Valencia


Título original: 007: Casino Royale
Año: 2006
Compañía: Columbia Pictures / Eon Productions / Casino Royale Productions / Stillking Films / Babelsberg Film
Director: Martin Campbell
Guión: Neal Purvis, Robert Wade y Paul Haggis
Reparto:
Daniel Craig (James Bond)
Eva Green (Vesper Lynd)
Mads Mikkelsen (Le Chiffre)
Judi Dench (M)
Jeffrey Wright (Felix Leiter)
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Sinopsis:
La primera misión de James Bond como 007 le lleva hasta Le Chiffre, banquero de terroristas de todo el mundo. Para detenerlo, y desmantelar la red terrorista, Bond debe derrotar a Le Chiffre en una partida de poker con apuestas altas en el Casino Royale. Al principio Bond está molesto cuando asignan a una hermosa oficial del Tesoro, Vesper Lynd, para entregar la apuesta para la partida y vigilar el dinero del gobierno. Pero, mientras Bond y Vesper sobreviven a una serie de ataques mortales por parte de Le Chiffre y sus secuaces, se desarrolla una atracción mutua que les conduce a peligros mayores y acontecimientos que marcarán la vida de Bond para siempre.
Lynd y Bond
Lynd y Bond
James Bond (Daniel Craig)
James Bond (Daniel Craig)
Comentario:
Parece que en Hollywood le han pillado el gusto a lo de mirar hacia atrás en el tiempo para rejuvenecer franquicias que vivieron tiempos mejores. “Back to the basics”, como decían en Marvel Comics cuando sus personajes se enrolaban en sagas que terminaban por ser totalmente incongruentes para propios y extraños, dar marcha atrás y retomar las cosas por sus elementos más reconocibles. Le funcionó estupendamente bien a Christopher Nolan con Batman Begins, y no tan bien a Bryan Synger con Superman Returns. Pero lo verdaderamente sorprendente en esta ocasión es que se haya acogido a la fórmula la saga probablemente más conservadora a los cambios desde que el cine es cine: James Bond, el que originalmente era un frío a sesino sin escrúpulos a las órdenes del gobierno de Su Majestad, pero al cual yo (y la mayoría que están leyendo esto, imagino) conocí siempre como una especie de superhéroe que se enfrentaba a locos villanos con ansias de dominar el mundo. Desde que tengo uso de razón vengo oyendo de que la nueva de Bond va a ser diferente, que si con Brosnan será más sensible, o no esperen, eso era con Dalton… que si ya no fuma, que si ahora preserva la vida, que si respeta más a las mujeres… pequeños cambios cosméticos, para ir haciendo más y más simpático a un personaje, que sobre el papel, viene de un mundo mucho más cruel y despiadado, el de la guerra fría, donde la simpatía importaba poco para hacer popular a un héroe.
Lo que la franquicia más longeva desde los años 60 no se había apenas atrevido a tocar un ápice era el exceso de gadgets marca de la casa que garantizaban minutos repletos de pirotecnia, quizá en algunos momentos difíciles de la saga, como en Licencia para matar, ejemplo de buena idea igual a un mal resultado, y que había llegado al extremo de la orgía visual en Muere otro día, despedida y cierre de Pierce Brosnan como el agente secreto –y por asociación, de James Bond tal y como se le conocía- que, después de luchar por intentar que su personaje no se perdiera en las tramas absurdas en las que acabó envuelto el Bond de Roger Moore, prácticamente lo superó con un desmadre de acción, luces de colores, coches invisibles y efectos especiales a mansalva. El título funcionó bien en taquilla, así que nada hacia pensar que se les ocurriera “resetear” el universo Bond, más teniendo en cuenta que los intentos anteriores de ese estilo no habían funcionado demasiado bien.
Pero, ¿Qué ha pasado desde el adiós de Brosnan hasta los inicios de este proyecto? Que de golpe el competidor de Bond no es un triple X u otro agente que intente imitarle en sus piruetas de acción y explosiones, si no un tal Bourne que sabe conjugar cine acción y de espías “serio”, como el de los de antes. Y de golpe deja en evidencia algo que estaba a la vista de todos pero que nadie señalaba con el dedo, que Bond era un producto de otro tiempo, algo divertido, con algunos momentos brillantes a los sumo, pero que dejó de ser tomado en serio desde hace mucho tiempo, con el que se podía lograr un buen espectáculo, pero difícilmente una buena película. Con estas, la idea de convertir la última novela larga –que es la primera, cronológicamente hablando- de Ian Fleming que quedaba por filmar será aprovechada para empezar de nuevo la saga, no para contar una precuela, si no para obviar todo lo anterior y crear a un nuevo Bond, aprovechando que se tiene a un nuevo actor, Daniel Craig –que tuvo que soportar burlas y chanzas durante el tiempo de rodaje, que si por su color de pelo, que si no daba el pego, hasta Pierce Brosnan se metió, medio en coña con él cuando Craig perdió unos de sus dientes rodando una de las escenas de acción. Luego, viendo los resultados, es difícil imaginarse al remilgado Remington Steele atravesando paredes y pegándose la, perdonen la expresión, sarta de hostias que se da Craig durante su primera aventura- y el molde primigenio del personaje –puesto que desde Panorama para matar, que era un relato corto de Fleming, se habían escrito guiones originales para cine o adaptado alguno de los pastiches de John Gardner, como la mencionada Licencia para matar.
Pues resulta que esta vez era verdad. Dejando de lado todas las referencias originales a la guerra fría, adaptando la historia a nuestros tiempos, e hinchando convenientemente la parte de acción, lo que de entrada sorprende es que la película es bastante fiel al libro. Muy pocos gadgets –ni siquiera Q hace acto de presencia, solo su organización, igual que en el pulp original-, un Bond muy diferente al que conoceremos después –muy asesino impulsivo con muy mala leche, y muy poco bon vivant- y una estructura narrativa, digamos, extraña, imperfecta, y con notables carencias. Y es que Casino Royale es un libro muy divertido, pero está claro en él que Fleming todavía no le había cogido el pulso a lo de escribir novelas por que la historia gira y gira sin cesar, primero en torno a la partida de póker en el Casino que da título a film – que es donde radica la mayor tensión del libro- después termina dos o tres veces con inesperados giros, para al final, realmente no ser Bond, si no sus futuros enemigos de SMERSH (conocidos como Spectra entre los incondicionales de Sean Connery y los primeros Moore) los que salven el día, recibiendo Bond una paliza que evidencia su carácter sadomasoquista –de nuevo, sorprendentemente incluido en el film- y siendo objeto de una dolorosa traición que le llevará a transformarse en el misógino y poco escrupuloso agente en el que se convertirá. Y durante el proceso se evidencian, en la película, muy marcados, los puntos en los que el personaje irá creciendo para ir acercándose, desde muy lejos, al Bond reconocible por las generaciones más jóvenes. Su primer martini seco con vodka mezclado, no agitado, su inicial incomodidad a la hora de ponerse un smoking, su falta de respeto por sus superiores… Pero no lo suficiente como para cuando llegue el punto y final todavía nos creamos que ese señor se va a convertir en Brosnan o Moore. A lo sumo, en Connery. Y creo que eso es lo que se buscaba.
El cambio más impactante radica en la figura de Daniel Craig. Si bien la escena prólogo es un “capitulo cero” previo a la conversión de Bond en agente doble cero, muy sencilla, rodada en blanco y negro, y con el tiro a cámara más espectacular que ha dado el agente en este siglo –de hecho, la escena es uno de los mejores teasers que ha tenido la saga desde el principio de su larga historia, en su sencillez radica su belleza, que diría Walter Schopchack-, enseguida pasamos a una de las primeras misiones de Bond, intentando cazar a un traficante de armas… en una escena trepidante, donde el nuevo Bond se muestra totalmente diferente a los otros y más cercano al original, un verdadero ejecutor que salta, golpea, tropieza y se levanta una y otra vez hasta conseguir su objetivo. Pero claro está que le sale mal, ganándose la bronca de M – todavía Judi Dench, único enlace con los Bonds previos, razones contractuales aparte, no era plan de desaprovechar a tal pedazo de actriz como ella-. Por que si, el personaje es humanizado, pero no por ello se convierte precisamente en mejor persona, si no que por razones ocultas –aunque Vesper Lynd, interpretada por una radiante Eva Green, da algunas pistas al espectador sobre el eternamente misterioso pasado del agente- es una especie de adicto al peligro y obsesionado por el éxito, sin pararse nunca a reflexionar sobre la moralidad de sus actos: El nuevo Bond no es un superhéroe como lo venían siendo sus inmediatos predecesores, más bien da la sensación de que trabaja para el MI6 como podría hacerlo para cualquier otra agencia que le garantice la adrenalina y el riesgo que necesita para respirar. Solo un ligero, ligerísimo toque de humanidad se va desarrollando en la relación de M y Bond, con ciertos toques materno-filiales, pero siempre teniendo en cuenta de que “por la seguridad del país” cualquiera de los dos sería capaz de matar al otro si fuera necesario.
En la seducción, Craig también resulta diferente al resto: Es una extraña mezcla de chulito piscinas y embaucador, que más que resultar intrigante y encantador levantando una ceja, clava la mirada como una cobra mientras su sonrisa mantiene una mueca un tanto malévola. Todavía no experto en las artes con el sexo femenino, no podrá ni evitar la muerte de su primera amante, Solange –espectacular físicamente como pocas Caterina Murino- ni caer en las redes de la mencionada Vesper Lynd.
¿Remates? Primera aparición de Felix Leiter, agente de la CIA, lo más parecido a un amigo a lo que Bond tendrá jamás, aquí interpretado por Jeffrey Wright, que le dará de entrada un par de lecciones al inglés sobre como no perder el control, por complicada que pueda ser la situación, y el villano de la función, interpretado por el excelente Mads Mikkelsen, como LeChiffre, un villano bastante más modesto de lo que nos tenía acostumbrada la saga últimamente, puesto que sus motivaciones son menos megalomaníacas y más, hum, prácticas, aunque no por ello es menos temible que los otros. Para más inri, como he comentado más arriba, primera aparición, en forma de cameo, de SMERSH, que hace que la cosa se ponga interesante para futuros títulos de la saga, aunque de momento solo podamos especular que forma tomará la organización adaptada a los tiempos que corren actualmente.

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