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Carne

por Marcos Fernández Cortés


Wayne sintió poco a poco llegar la consciencia. Le dolía la cabeza y tenía todos los músculos agarrotados. Estiró la mano para aferrarse al pómulo de su cama y se encontró con que no sabía dónde estaba. "Dios..."

La oscuridad era total. Wayne se quedó por un momento inmóvil, expectante, mientras sus pulsaciones aumentaban por segundo. Estaba semitendido en el suelo de algún lugar sin saber cómo ni cuándo había llegado allí. Palpó la fría baldosa y se puso en pie.


Era media mañana y en NW City no había ni el más leve ruido. Ni voces, ni pitidos, ni atascos... nada. Wayne caminó por el centro estupefacto. Coches abandonados en el pavimento, cristales rotos, objetos esparcidos por el suelo... Miró hacia arriba y observó a los monstruos de hormigón y cristal acechándole. Todos con mil ojos proyectándose sobre él. Wayne sintió el mareo y después la nausea. Sus sentidos estaban descontrolados, la mente abandonaba al cuerpo y el cuerpo a la mente. El ataque de pánico no se haría esperar.

Se derrumbó en mitad de la calle Seis y sufrió, y jadeó, hasta que se perdió en un sueño.

Soñó con despertar. Despertar de la pesadilla y recobrar su vida normal, en la oficina. Y luego en casa con la familia. Y luego en la oficina, y en casa, y en la oficina, y en...

-¡El centro comercial!. -Se despertó sobresaltado con la frase en la boca. Giró en redondo y observó toda la calle. "He de darme prisa, ¡Tengo que ir al centro comercial!, ¡Allí estaré seguro!" -Pensó.

Se incorporó. Tenía la camisa sudada por las sobaqueras y un hilillo de sangre seca en la comisura de los labios.

-¿Pero qué diablos...? -Wayne volvió a sentir todo el peso de la gran ciudad sobre él, pero esta vez no se desmayó.

"¡Estoy pensando como un loco!, Tengo que pedir ayuda, ¡Tengo que encontrar a alguien!". Escrutó con la mirada buscando una cabina telefónica, pero ya sabía que no funcionaría. Intentó caminar calle arriba por la principal. A su paso, figuras erguidas le observaban impasibles desde los escaparates de moda.

"¡¡Tengo que encontrar a alguien!!"

Apareció justo delante del centro comercial. No sabía cómo había llegado allí. Tenía sudor en la cara y la camisa pegada al cuerpo. Se quedó quieto observando. Mirando sin ver, con la gran superficie enfrente, devolviéndole la mirada perdida. Una gota de sudor se deslizó por su nariz, y entró.

Las voces habían sido más intensas cuanto más se acercó al lugar. Le taladraban la mente sin dejarle hacer uso de razón; todas al unísono. Llamándole. Necesitando de su persona.

Caminó cegado hasta el centro de la planta baja... Y Allí estaban todos.

Muchos de pie, muchos tumbados, muchos recostados sobre sus propias vísceras. Pero se les veía alegres, contentos de ver a un superviviente.

-¡C-A-R-N-E! -Todos lo balbucearon al unísono. Con voces guturales, salidas de ultratumba.

Wayne quiso correr, pero no pudo. Sus piernas no obedecían las órdenes de su cerebro.

Estaba impotente, petrificado ante tanto horror. Las resortes de cordura que le quedaban abandonaban su cuerpo por momentos.

-¡C-A-R-N-E F-R-E-S-C-A!

Un círculo comenzó a cerrarse sobre él. Aparecían por docenas. Tambaleándose, arrastrando los pies, dejando un rastro putrefacto. -¡C-A-R-N-E!

Wayne vio sus caras. Todas deformes, con la piel hecha trizas y gusanos comiendo en cada trozo.

-Una pesadilla... -Murmuró cerrando los ojos -Sólo eso, una pesadilla...

Las manos deformadas se clavaron en su carne, desgarraron, despedazaron, saciaron su sed. Era un sabor reconfortante, pero necesitaban más. Aunque no importaba, porque pronto sería de noche y habría que salir a cazar. Ahora ellos eran los dueños del planeta, y tenían mucho mucho apetito.


FIN


Copyright ©2003 A Mamoa de Dumbría