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Masters of Science Fiction, una idea fallida
Masters of Science Fiction, una idea fallida
Fecha: Abril 2011Por: Javier J. Valencia
 
Recuerdo andar por el Festival de Sitges del año 2006, charlando con varios de los habituales de esta web, imaginándonos una serie de televisión que tuviera el formato de la por aquel entonces reciente Masters of Horror. Como la imaginación no tiene límites, por soñar que no quedara: la serie debería (en un mundo perfecto) adaptar a las leyendas de la ciencia ficción, es decir, Asimov, Heinlein, Bester, Silverberg… y los directores deberían tener experiencia en el género, nada de segundones tipo Christian Duguay o Deran Sarafian: debían ser gente de la talla de Cronenberg, de Paul Verhoeven, incluso de Spielberg… Pero dentro de la misma charla ya se suponía, como si el juego fuera demasiado inverosímil, de que si llegaba a realizarse algo parecido, la primera parte (la de los escritores) entraba dentro del mundo real: la de los directores era algo así como imposible.

No fue mucho después de aquel verano cuando saltó la noticia: el mismo equipo de MoH, capitaneado nuevamente por Mick Garras y Sam Egan, tenían intención de llevar a la pequeña pantalla una nueva serie antológica basándose en relatos de los clásicos de la ciencia ficción. Por desgracia, la serie no iba a ser emitida en cable, como su hermana mayor, sino en la cadena generalista ABC, lo cual ya creaba las primeras suspicacias (las grandes cadenas norteamericanas, NBC, CBS y ABC, no son precisamente las más adecuadas para emitir series de estas características, más interesadas en las series de procedimiento policíaco, los romances hospitalarios o las salvo honrosísimas excepciones las inaguantables sitcoms), pero quizá el éxito de Perdidos estaba abriendo nuevas puertas a lo fantástico en televisión (repito, generalista, no de cable) como demostraban Los 4400 o Heroes. Las primeras noticias que saltaron a la palestra es que los actores invitados serían de la talla de Terry O’Quinn y que el propio Harlan Ellison iba a involucrarse en el meollo. Sin embargo, para cuando se hizo público que la serie iba a ser emitida los sábados por la noche, en pleno mes de Agosto, fue como si asesinaran al recién nacido prácticamente antes de ver la luz: no existe peor horario posible, es imposible, que ese.

Así que solo quedaba ver si por lo menos, lo que fuera a emitirse iba a valer la pena, a sabiendas de que las posibilidades de sobrevivir eran muy remotas (no sabría decir si existe algún caso de alguna serie que haya logrado algún éxito ese mes, ese día, tengo serias dudas). Quizá podía salir como mínimo una serie de relatos para recordar, o con episodios memorables. La idea de que cada episodio fuera presentado por Stephen Hawking le daba un toque de clase, o al menos eso parecía sobre el papel (luego al final Hawking se limitaba a narrar la intro y una breve frase al principio y al final de cada episodio). En cualquier caso, para que el lector pueda hacerse una mejor idea, acerquémonos a cada uno de los seis segmentos que compusieron el total de la serie:

MoSF: A Clean Escape
MoSF: A Clean Escape
MoSF: A Clean Escape
MoSF: A Clean Escape
EPISODIO 1: A CLEAN ESCAPE (Una salida limpia)
Director: Mark Rydell
Guión: Sam Egan
Basado en un relato de: John Kessel
Intérpretes: Judy Davis (Dra. Evans), Sam Waterston (Havelman), Allison Hossack (Kelly Prosky), Tom Butler (Warren Geslow)

Una psiquiatra (la Dra. Deanna Evans) descubre que tiene cáncer terminal, y las previsiones más optimistas no le dan más de tres meses de vida. Decide enfrentarse al desafío de su carrera que no ha sido capaz de superar antes de abandonar este mundo: el caso de Halveman (Sam Waterston), un paciente que padece el síndrome de Korsakov: vive atrapado en un lapso mental: a pesar de tener más de sesenta años, cada cuarenta y cinco minutos vuelve a creer que tiene cuarenta y uno, que tiene que ir a recoger a su hija al colegio, que tiene que cumplir con las obligaciones que tenía veinte años atrás una fecha concreta…

A Clean Escape es un buen episodio, una hora eficaz de televisión, pero a la vez es un mal piloto para Masters of Science Fiction. Para dar pistoletazo de salida a una serie de estas características siempre es mejor buscar uno concreto con los aspectos más reconocibles del género, y no algo tan específico que se base en el duelo interpretativo de dos excelentes actores y del misterio en torno a la identidad de Havelman y los hechos que le llevaron a sufrir el extraño síndrome, que se va desvelando poco a poco, sacando provecho de la división por actos del formato televisivo. Y la pega no será reconocible por el fandom, el cual ya está a estas alturas curado de espantos y puede hasta recibir con alegría un episodio de estas características, si no por el público standard, que puede perder el interés muy rápidamente ante una serie de estas características si no le da lo que se espera: cadenas como la ABC siempre buscan resultados inmediatos, aunque el poco interés que demostraron en el proyecto por otro lado justifica el orden poco calculado de los episodios.

Otra pega que ya tiene la serie de inicio es que tiene el aspecto de un Outer Limits de lujo, pero que no ha logrado diferenciarse en exceso de ésta: la moral del episodio, un cuento del estilo de la guerra fría, lo tenemos más que visto en la anterior en cualquiera de sus encarnaciones o en The Twilight Zone, de nuevo una narración de anticipación con sorpresa apocalíptica y una imagen bastante desesperanzada de la raza humana. El relato es efectivo, pero previsible para el público habitual de este tipo de series o lector de ciencia ficción. Si la serie debía acoger a los maestros de la ciencia ficción y buscaba ser un producto con visos de ser “definitivo” en el género, también debería haber buscado más empezar adaptando relatos magistrales, algunos de los más significativos de la historia de la ci-fi, y no conformarse simplemente con aquellos que se podían adaptar con comodidad a las 625 líneas.

En conclusión, la primera hora de la serie cumple y entretiene, pero deja entrever que no va a ser un proyecto ni especial ni diferente a tantas y tantas series del mismo tipo.

MoSF: The Awakening
MoSF: The Awakening
MoSF: The Awakening
MoSF: The Awakening
EPISODIO 2: THE AWAKENING (El despertar)
Director: Michael Petroni
Guión: Michael Petroni
Basado en un relato de: Howard Fast
Intérpretes: Terry O ‘Quinn (Skynner), Elizabeth Rohm (Teniente Granger), William B. Davis (Presidente de EEUU), Hiro Kanagawa (Capitán Oguchi)

Sobre suelo iraquí aparece un capullo del tamaño de un humano que parece de procedencia extraterrestre: dos soldados (un americano y un iraquí) han quedado en estado catatónico tras contemplarlo. El gobierno de los Estados Unidos envía a la Teniente Granger en busca del Mayor Skynner, ya retirado, para que preste su ayuda: fue el mayor especialista en avistamientos OVNI del ejército. Pronto la aparición de otros capullos en diferentes partes del mundo comenzará a provocar imprevisibles consecuencias entre los Gobiernos de cada país…

The Awakening supone un paso atrás respecto al episodio anterior. Tiene un buen primer acto, que se sigue con interés, y la aparición de multitudes de rostros televisivos relacionados con el género (Terry O’Quinn de Lost, Elizabeth Rohm de Angel, incluso William B. Davis, el Fumador de Expediente X, interpretando al Presidente de Estados Unidos) despiertan simpatía. Pero pronto comienza a girar a un cuento moral demasiado excesivo y muy edulcorado en su recta final: vamos, que terminado dando la murga. Empieza siendo de nuevo un Outer Limits, pero poco a poco se va convirtiendo en Amazing Stories (Cuentos asombrosos).

En esencia, la primera mitad del episodio plantea un debate interesante, sobre las intenciones de esos extraterrestres que habitan en el interior de los capullos y que cuyas motivaciones parecen belicosamente pacíficas: es decir, exigen a la humanidad con virulencia que se desarme. Esto divide las opiniones de los personajes, entre los que creen que existe un mensaje oculto de Dios obligando a la humanidad a encontrar la paz, y los que piensan que se trata de una treta de una raza extraterrestre que pretende aprovechar el desarme para iniciar una invasión inmediatamente después. Pero luego la cosa es una mezcla entre un aburrido toma y daca entre el Presidente americano y los del resto del mundo, y un viaje new age de Skynner al más allá tipo Contact muy poco sugerente y además, visualmente, feo con ganas. Hasta cierto punto el episodio tiene cierta lógica en el contexto de los EEUU post-invasiones tras el 11-S, pero existen mejores modos de filmar ataques de mala conciencia (incluso el episodio previo, que también incluía su dosis de auto-flagelamiento norte-americano, resultaba más ejemplar en ese sentido que este).

Ni siquiera ninguno de los actores terminan de brillar, no salvándose ni tan solo Terry O’Quinn de parecer estar trabajando a medio gas, como medio obligado por contrato con la ABC, conservando varios de los ticks de John Locke, aprovechando el “traje” del su personaje habitual para su aparición en esta otra pasarela. Olvidable.

MoSF: Jerry Was a Man
MoSF: Jerry Was a Man
MoSF: Jerry Was a Man
MoSF: Jerry Was a Man
EPISODIO 3: JERRY WAS A MAN (Jerry era un hombre)
Director: Michael Tolkin
Guión: Michael Tolkin
Basado en un relato de: Robert A. Heinlein
Intérpretes: Anne Heche (Martha Von Vogel), Malcolm McDowell (Tibor McGrew), Russell Porter (Bronson), Jason Diablo (Jerry)

El tercer episodio de la serie es el primero en funcionar realmente. Adapta un relato de uno de los “grandes” de la ciencia ficción como es Robert A. Heinlein, lo cual ya es bastante atractivo. Además la adaptación a la pequeña pantalla es bastante buena y la conversión de relato a guión televisivo está realizado con eficiencia, algo en lo que Masters of Science Fiction flojeó tanto en el previo The Awakening como en el posterior The Discarded. El mérito corresponde en gran parte al trabajo tanto en el guión como en la dirección de Michael Tolkin, cuyo trabajo como redactor de libretos estuvo muy en boga en Hollywood durante los primeros noventa (llegando a estar incluso nominado al Oscar por El juego de Hollywood, la cual dirigió Robert Altman en 1992), y que llevaba una temporada bastante desaparecido.

En el futuro, la ciencia ha creado humanoides que se encargan de realizar las tareas más duras. Estos seres tiene apariencia humana, y desarrollan sus propias inquietudes, pero a un nivel muy limitado: Jerry, el protagonista de nuestra historia, es uno de ellos, y solo parece interesado en el tabaco y en los caramelos. Su existencia se basa en desactivar minas: el problema es que los de su raza las desactivan a los bruto, les hacen pasar por un campo repleto de ellas y el ser humano espera tranquilamente a que revienten o sobrevivan para trabajar otro día. Su situación desespera a Martha Von Vogel, una asquerosamente rica mujer con más dinero del que podría gastar en tres vidas, que mantiene a un “marido de billonarias” profesional al que concede todos los caprichos que desea y al ir a buscarle una nueva mascota al laboratorio del Dr. McGrew (Malcom McDowell) se ha encontrado con el pobre humanoide. Tras lograr “alquilárselo” al Dr. McGrew se lo llevará a vivir con él, y empezará a recibir señales por su parte de una posible conciencia humana ahí dentro…

Los tres cuartos de hora televisivos son efectivos en mostrar el famoso cinismo de Heinlein: el episodio puede tener una apariencia bienintencionada, pero esconde bastante mala uva. Al fin y al cabo en su empeño por demostrar que en Jerry vive un hombre Von Vogel actúa de un modo hipócrita, dando rienda suelta a un aleatorio modo de caridad muy acorde con los estilos colonialistas. En el juicio el desespero de McGraw, inventor de esos humanoides, será total cuando él mismo sea incapaz de responder a que es debido que su creación sea capaz de actos ruines y mezquinos: pues solo el ser humano alberga en su interior semejantes actitudes. Los personajes tienen un cierto aire de parodia de arquetipos, y el espectador no termina de involucrarse demasiado emocionalmente con ellos, lo cual es beneficioso, por lo que de otro modo todo ese cinismo quedaría bastante desdibujado: algo que Harlan Ellison no tuvo muy en cuenta en The Discarded, siguiente episodio de la serie con ciertos aspectos en común con este pero bastante más fallido.

El problema básico que ya tenía Masters of Science Fiction es que si los episodios “cómicos” (por mucho mensaje que contengan) eran los que iban a funcionar realmente en la serie, el esquema básico de la misma ya tenía un problema: Twilight Zone, por ejemplo, tuvo montones de ellos y algunos memorables, pero no formaban el grueso de la serie y no eran los encargados de “tirar del carro” de su espíritu. En este caso, por desgracia, el espíritu no parecía tan definido.

MoSF: The Discarded
MoSF: The Discarded
MoSF: The Discarded
MoSF: The Discarded
EPISODIO 4: THE DISCARDED (Los desechados)
Director: Jonathan Frakes
Guión: Josh Olson, Harlan Ellison
Basado en un relato de: Harlan Ellison
Intérpretes: Brian Dennehy (Bedzyk), John Hurt (Samswope), Gina Chiarelli (Annie), James Denton (Barney Curran)

Sobre el papel, la idea de tener un episodio escrito directamente para televisión, basado en un relato suyo, por el propio Harlan Ellison resultaba esperanzador. Y la dirección a cargo de Jonathan Frakes, muy popular por haber dado vida al Comandante Riker como actor de la saga Star Trek: la nueva generación y cuya carrera como director incluye multitud de trabajos televisivos relacionados con el fantástico (multitud de episodios de series como Roswell, la versión 2000 de The Twilight Zone o varios de diversas series de la franquicia Star Trek, incluyendo de estas las películas para la gran pantalla Primer contacto e Insurrección) ayudaba a fabricarse expectativas. Por desgracia, el resultado final fue quizá, junto a The Awakening, el episodio más flojo de toda la serie.

Y eso que el primer acto del episodio es muy, muy prometedor. En el futuro, una mutación a afectado a algunos habitantes de la Tierra y han mutado de forma espantosa. Pueden tener un brazo gigante, como le ocurre a Bedzyk (Brian Dennehy), el líder de una nave de mutantes expulsados del planeta debido a su enfermedad y su horrible aspecto, o pueden tener dos cabezas, como Samswope (John Hurt), su mano derecha, filósofo de andar por casa con un deseo interno enorme de volver a la Tierra. Durante el primer acto, cuando se nos presentan a los personajes que se dedican a flotar eternamente por el espacio (ya que en ningún planeta les dejan aterrizar), hasta la aparición del comandante Curran y su aparentemente esperanzadora promesa, es cuando el episodio es totalmente disfrutable, gracias al socarrón y cascarrabias sentido del humor de Ellison que se nota en todos los personajes que habitan la nave. Además los efectos de maquillaje son excelentes y algunas de las mutaciones resultan de lo más curiosas.

Pero, tal y como he mencionado, la aparición de un militar terrestre que les propone un trato que significará su retorno a la Tierra vuelca completamente el episodio. La intención de Curran es que los mutantes les proporcionen sus genes para poder curar a los terrestres que han vuelto a desarrollar la enfermedad, que creían erradicada tras su exilio, y después se les ubicará en algún lugar del planeta. Pero Bedzyk, muy decepcionado ya con la especie humana, se negará a ello, provocando una pequeña rebelión en el interior de la hasta entonces pacífica nave. La idea, que es muy interesante y tiene mucho potencial, está bastante mal llevada, la cosa empieza a perderse en aburridos diálogos y deliberaciones, se vuelve previsible, farragosa, y el sentido del humor desaparece, incluso en algún momento cobra protagonismo alguna absurda trama secundaria, como la de la boda de los tres mutantes, como si con la historia original no se alcanzaran los cuarenta y cinco minutos estándares y tuvieran que estirar de donde no hay. Es extraño que, encargándose el propio Ellison del guión (amén de tener un pequeño cameo), a medias con Josh Olson, le saliera una adaptación tan pobre, teniendo en cuenta que su relación con la televisión es bastante larga (lleva escribiendo guiones desde los años 60, aunque su difícil carácter le han provocado varias entradas y salidas de diferentes cadenas, proyectos, series o productoras).

La cadena ABC cumplió su objetivo de rellenar el mes de Agosto de 2007 con un producto que se pudieran quitar de encima sin mucho problema, y con la poca promoción que tuvo la serie y el mes en el que fue emitida, fue libre de ponerla “en hiato” (una manera fina de decir “cancelamos-pero-emitiremos-lo-restante-dentro-de-un-tiempo) hasta diciembre del mismo año, otro mes donde las cadenas siempre buscan algo de material de relleno mientras sus estrellas hacen vacaciones. Como curiosidad, originalmente rechazaron emitir Little Brother, que por orden de producción debería haber sido el cuarto, por este capitulo, debido a que consideraron varias escenas de aquel demasiado violentas. Pero a estas alturas casi ya daba lo mismo, la serie no había logrado destacar ni siquiera entre los fans del género y su cancelación ya era segura: solo quedaba ver como funcionarían sus dos horas finales.

MoSF: Watchbird
MoSF: Watchbird
MoSF: Watchbird
MoSF: Watchbird
EPISODIO 5: WATCHBIRD (Pájaro vigilante)
Director: Harold Becker
Guión: Sam Egan
Basado en un relato de: Robert Sheckley
Intérpretes: Sean Astin (Charlie Kramer), James Cromwell (Randolph Luwin), Vicent Gale (Jack Valentine), Stacy Grant (Sarah Moser)

La serie volvió en Diciembre del 2007 para dar por concluido su corto paso por el universo catódico. Lo hizo con la adaptación de un relato corto de Robert Sheckley que se beneficia de un buen duelo interpretativo entre Sean Astin (Mickey, el alma de Los Goonies, y por supuesto Sam en la trilogía de El señor de los anillos) y el generalmente excepcional James Cromwell (Star Trek: Primer contacto, Babe, el cerdito valiente, protagonista también en las dos últimas temporadas de A dos metros bajo tierra).

En un futuro cercano, el científico Charlie Kramer ha perfeccionado los watchbirds, unos robots con forma de pájaro especialistas en asaltos, para que los Estados Unidos salgan victoriosos de todas las guerras. Ahora el Gobierno quiere que los pájaros en cuestión sean los encargados de la seguridad nacional, inicialmente en modo preventivo, pero cada vez corriendo más riesgos, apurando demasiado la posibilidad de “adelantarse” al crimen para poder evitarlo. La obsesión por la proactividad, llevada al máximo.

De nuevo, Watchbird es una hora de televisión aceptable pero no muy diferente a lo que Outer Limits ofrece cada semana, salvando la calidad de la pareja de actores protagonistas (uno de los pocos elementos diferenciadores del programa, al menos, es la calidad habitual de su reparto, aunque habría que haber visto si lo hubiera mantenido si su duración hubiera sido más larga). A pesar de el interés de su trama y la eficaz dirección de Harold Becker (director de películas como Malicia o Mercury Rising), los dos segundos actos de la historia resultan bastante previsibles, una vez el personaje de Kramer haya sido engañado y cada vez más los pájaro sean un reflejo de su psique. Su abrupto final tampoco ayuda a mejorar la sensación de que la historia, primero, se ha alargado en exceso (otra vez), y segundo, ha ido perdiendo fuelle a medida que el metraje ha ido avanzando.

MoSF: Little Brother
MoSF: Little Brother
MoSF: Little Brother
MoSF: Little Brother
EPISODIO 6: LITTLE BROTHER (Hermano pequeño)
Director: Darnell Martin
Guión: Walter Mosley
Basado en un relato de: Walter Mosley
Intérpretes: Clifton Collins Jr. (Frendon Blyhte), Kimberly Elise (Tilly Vee), Matthew Walker (Augustus), Daryl Shuttleworth (Otis Brill)

El escritor Walter Mosley alcanzó fama mundial como autor de la saga de corte criminal protagonizada por el detective Easy Rawlins, pero haciendo bueno el tópico de que un reputado escrito de serie negra también lo es en el campo de la ciencia ficción –o viceversa-, a pesar de que sobre el papel sean dos géneros muy diferentes, alcanzó también el éxito con su colección de relatos de género Futureland (editado por Punto de Lectura en el año 2003). Uno de ellos era Little Brother, del cual adaptó para televisión, saliendo bastante más airoso que Harlan Ellison a la hora de “auto-interpretarse” para el formato televisivo.

El futuro estará tan organizado como deshumanizado: si a uno le toca ser un “ruido blanco”, le tocará efectuar trabajos y subsistir en el subsuelo, solo pudiendo salir al exterior por cortos periodos de quince minutos cada seis meses para ver la luz del sol. Pero Frendon Blythe ha preparado su fuga, sin tenerla en exceso planeada: si es atrapado y asesinado también será libre. Su intención es encontrarse con Augustus, un gurú del mundo exterior que resultará ser aparentemente un mero vagabundo, pero que le dará a Blythe las claves necesarias de enfrentarse a la gran inteligencia artificial cuando le llegue la hora de ser juzgado…

Little Brother no tiene ningún actor de renombre entre sus protagonistas. Su directora, Darnell Martin, tampoco ha logrado dar la campanada más allá de la pequeña pantalla (donde ha dirigido episodios de la célebre Homicidio o de la versión americana de Life On Mars, entre muchas otras). Y el propio Mosley no tiene la reputación dentro del mundillo a la altura de un Sheckley o un Ellison, Sin embargo, o quién sabe si gracias a ello, junto a la adaptación de Robert Heinlein éste resulta prácticamente el mejor episodio de la serie: tanto la historia del personaje principal como el universo en el que se desarrolla la historia está bien explicado en el primer acto, para luego pasar al juicio, donde el personaje principal tendrá que aplicar al máximo su inteligencia para poder “jugar” contra la lógica de las máquinas: es la mejor parte del episodio, la partida a vida o muerte de Blythe contra el Gran Jurado, enésima muestra del género del hombre contra la máquina y de la necesidad de un alma que se coloque siempre sobre el frío y racional pensamiento robótica. Si no fuera por un final con un regusto un tanto empalagoso y facilón, el resultado sería notable.

Balance final: dos buenos episodios, dos aceptables, y dos flojos. Tampoco se puede decir que fuera una gran pérdida, por suerte (y espero que por mucho tiempo) series de este tipo todavía existen y probablemente existirán por mucho tiempo. Lo que si es una lástima es que se trate del desaprovechamiento de una gran idea, una con la que los aficionados a la ciencia ficción fantasean a menudo, y la propuesta o no fue tratada con el debido respeto y cariño como si lo fue (al menos en su primera entrega) Masters of Horror, y en esta ocasión no me refiero a la cadena ABC, si no a los resultados cualitativos finales de cada uno de los episodios, teniendo en cuenta que se contaba con presupuesto, narraciones de categoría y en ocasiones renombrados actores. El regusto final es que se ha tratado de la enésima revisión pesimista de la condición humana, de la cual hemos conocido muchas y mejores maneras de narrarla.



 
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