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Invasión a la Tierra: entrenamiento militar
Invasión a la Tierra: entrenamiento militar
Fecha: Marzo 2011Por: CineFantastico.com
 
Para ayudar a prepararles para sus papeles de Marines, los productores dejaron a los miembros del reparto en un campamento intensivo de reclutas de tres semanas de duración con Marines en activo y jubilados. No tenían acceso a teléfonos móviles, televisión, ni internet, ni mantuvieron ningún contacto con el mundo exterior.

Invasión a la Tierra
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El veterano técnico militar Jim Dever, asesor de la película, explica las ventajas de dicho campamento: “El entrenamiento de reclutas para los actores constó de tres fases. La primera semana era entrenamiento físico. Esto nos permitió comprobar las habilidades físicas de cada actor. También les enseñamos los ejercicios militares. Esa instrucción instila disciplina para que puedan comprender las órdenes, que forma parte esencial del cuerpo de Marines, la capacidad de escuchar y ejecutar órdenes. La primera semana también aprendieron acerca de la historia del cuerpo.

Las fases segunda y tercera fueron todavía más duras. Prosigue Dever: “La segunda semana nos trasladamos al Campamento Mindon, una base de la Guardia Nacional. Una vez allí vivimos en el campo unos cinco días. Tuvieron que montar sus tiendas de campañas y catres; les dimos el equipo y comenzamos a entrenar. Empezábamos tempranito a eso de las 5:30 de la madrugada, hacíamos el entrenamiento físico, luego las duchas, el desayuno, y así empezaron a aprender cómo es un Marine, desde cómo ponerte todo el equipo hasta cómo utilizar el arma. Por las tardes Jonathan ensayaba con los actores las escenas que tendrían que hacer en la película. La tercera semana fue más ensayo: cómo moverse y cómo contactar el uno con el otro. Y seguimos entrenando con las armas. ” Tras la tercera semana, comenzó el rodaje.

El campamento de reclutas fue interesante,” alega Aaron Eckhart. “Me alegro de haberlo hecho porque básicamente fue un ensayo de tres semanas. Contamos con el entrenamiento de tres Marines y todos dormimos en una tienda grande y comimos juntos. Todos estábamos bajo la misma disciplina. Hacíamos las comidas que nos mandaban y seguíamos el entrenamiento establecido para el día. Nos comportábamos como un escuadrón de Marines: yo era el sargento, así que les daba órdenes y me odiaban. Fue inestimable, especialmente en lo que a las armas se refiere, para saber cómo cogerlas, dónde mirar, cómo caminar cuando la llevas y cómo actuar como una fuerza unida al andar por la calle. Nos ayudó muchísimo porque cuando llegó el momento de rodar, el Sargento Mayor Dever decía simplemente: ‘vale chicos vais a patrullar la zona,’ y ya sabíamos lo que teníamos que hacer.

El entrenamiento de reclutas fue precisamente eso,” apunta Ramón Rodríguez. “Ahora tengo mucho más respeto por las fuerzas militares en general y por los Marines en particular. Por ejemplo, los chalecos que llevamos pesan unos 18 kilos, y ni siquiera son los auténticos porque no llevan las placas de metal. Con las placas de metal, las granadas de verdad, y el cargador y la munición real, los suyos pesan en torno a los 36 kg o más. Y además, llevamos un arma, y dependiendo de la que lleves, puede pesar fácilmente entre 11 y 14 kilos. Suma dos mochilas que pesan unos 9 kg cada una, más las botas y el casco… no es nada fácil.

Invasión a la Tierra
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Pero por muy duro que fuera, Rodríguez mantiene que el campamento le ayudó a forjar amistad con sus compañeros de reparto y también a meterse en el papel. “Sinceramente, el campamento probablemente fue lo mejor de todo, sencillamente porque nos dio la oportunidad de conocernos y convertirnos en un equipo… un pelotón” asegura.  “Nos pasamos varias semanas en el bosque bajo una tienda de campaña con Marines veteranos de más de 25 de experiencia que nos instruían, nos enseñaban, nos guiaban, explicándonos cómo convertirnos en Marines. Entrenábamos todo el día y ensayábamos entre entrenamientos. Fue bonito conectar unos con otros y creo que en el campamento poco a poco todos fuimos descubriendo a nuestros personajes y también nuestra identidad como pelotón. Para mí, al final la película es un homenaje a los Marines y espero que podamos hacerles quedar bien y que se sientan orgullosos.

El campamento de entrenamiento de reclutas sin duda me ayudó a meterme en el papel” apunta Ne-Yo. “Te guste o no, te conviertes en tu personaje por tres semanas seguidas. No te queda otra opción. Estás en el ajo. Claro que, no es nada comparado con lo que hacen los tíos de verdad… pero después de tres días dijimos: ‘Vale, vale, lo pillamos. Comencemos el rodaje. Vamos a volver a hotel que aquí está lloviendo a cántaros.’ Pero en realidad nos ayudó mucho a comprender quienes son los Marines y porque hay que interpretarlos con orgullo.

 
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